Lección 152 – Tengo el poder de decidir. ~

 

 

“Esta lección continúa la discusión del papel del cuerpo y el mundo en la estrategia del ego de proteger su identidad, haciendo aún más explícita la conexión entre la mente y el cuerpo. La conclusión es que todo lo que percibes proviene de la decisión de la mente. Este pensamiento, “Tengo el poder de decidir”, es el temor primordial del ego. El hecho de que tu mente tenga todo el poder significa que el mundo en y por sí mismo no tiene ninguno. Debido a que tú y sólo tú tienes el poder de cambiar cómo te sientes y piensas, ya no estás a merced de las cosas que están más allá de ti, de fuerzas que no puedes controlar y de pensamientos que te asaltan en contra de tu voluntad (T-19.IV-D .7: 4).

El poder de ser feliz y estar en paz, por lo tanto, no recae en el mundo, sino en tu decisión. La lección también expresa la realidad no dualista del Cielo.

(1:1-4) «Nadie puede sufrir pérdida alguna a menos que ésa haya sido su propia decisión. Nadie sufre dolor salvo cuando él mismo así lo decide. Nadie puede estar afligido, sentir temor o creer que está enfermo a menos que eso sea lo que desea. Y nadie muere sin su propio consentimiento.»

En el tercer obstáculo a la paz, «la atracción de la muerte», Jesús dice prácticamente lo mismo:

“Nadie puede morir a menos que elija la muerte. Lo que parece ser el miedo a la muerte es realmente su atracción. La culpabilidad es asimismo algo temido y temible. Mas no ejerce ningún poder, excepto sobre aquellos que se sienten atraídos por ella y la buscan. Y lo mismo ocurre con la muerte.” (T-19.IV-C.1:4-8)

Sin usar la palabra «mente», Jesús enseña que todo lo que experimentamos aquí proviene de la decisión de la mente. Esto no es específico, tal como elijo vivir o morir, o estar en esta relación u otra. La decisión final – la única que es importante – es la que tomamos como un solo Hijo en el instante original, y una que tomamos una y otra vez: la decisión de alejarnos del Espíritu Santo, declarando que el principio de Expiación es una mentira y que el ego es el único maestro verdadero. De esa única elección provienen toda la pérdida y el dolor, y la ilusión de que el mundo tiene algo que ofrecer. La decisión de la mente de tomar las mentiras del ego como la verdad no solo establece que tenemos razón acerca de la separación, sino que otra persona es responsable de ello. Señalar con el dedo acusador fuera de nosotros mismos es el propósito de todo dolor y sufrimiento, incluso hasta la muerte. Sin embargo, aceptar la Expiación significa que hemos dejado de identificarnos con el ego, salimos del sueño con Jesús, y llegamos a reconocer que todo ocurrió aquí en el único momento demente que elegimos creer que teníamos razón y que Dios estaba equivocado. Y así elegimos de nuevo.

(1:5) «Jamás ocurre nada que no sea una representación de tus deseos, ni se te niega nada de lo que eliges.»

Mi deseo es ser un individuo autónomo, separado de la unidad del Cielo. Si es mi sueño, todo lo que ocurre es lo que yo he puesto allí; la decisión basada en la necesidad de mi ego de existir y escapar de la responsabilidad por lo que eligió.

(1:6-8) «He aquí tu mundo, completo hasta el más ínfimo detalle. He aquí toda la realidad que tiene para ti. Mas es sólo ahí donde se encuentra la salvación.»

Esta es la mente y sus deseos; específicamente, el tomador de decisiones que elige tener la razón en lugar de ser feliz. El problema está en la mente, así como el mundo, porque «las ideas no abandonan su fuente». Sin embargo, la mente también es donde encontramos la corrección, porque Jesús está allí.

(2:1-2) «Tal vez creas que ésta es una postura extrema o demasiado abarcadora para poder ser verdad. Mas ¿podría la verdad hacer excepciones?»

Jesús habla de la premisa no-dualista en la que se basa Un Curso de Milagros, que se desarrollará más adelante en la lección. Estás malinterpretando totalmente este curso si crees que hay algo real en el mundo o en el cuerpo. No hay transigencias aquí. Si crees que esta posición es demasiado extrema, dice, considera: “¿podría la verdad hacer excepciones?” Si la verdad es Dios, Quien es perfecta unidad, lo que está fuera de Su Unicidad no puede ser de Él y, por lo tanto, no puede ser real. Todo lo que creemos que es real proviene del deseo de la mente de tener la razón, diciendo que quiero existir y que el mundo sea testigo de esa realidad.

(2:3) «Si se te ha dado todo, ¿cómo podría ser real perder? »

El “regalo de todo” es el amor que Jesús nos ofrece. Sin embargo, cuando creemos que la pérdida es posible, decimos que no lo tenemos todo, una creencia que proviene del deseo secreto de estar en un estado de escasez y privación, del que alguien u otra cosa es responsable. Así es como se mantiene intacta nuestra separación de Dios, pero sin ser responsables. El siguiente pasaje del texto describe este proceso de uso del ataque (es decir, la proyección) para culpar a otros por el vacío y la pérdida que creemos que es nuestro estado natural:

“El ataque nunca podría suscitar más ataques si no lo percibieses como un medio para privarte de algo que deseas. Sin embargo, no puedes perder algo a no ser que no lo valores, y que, por lo tanto, no lo desees. Esto hace que te sientas privado de ello, y, al proyectar tu propio rechazo, crees entonces que son otros los que te lo están quitando a ti. No podrás por menos que sentirte atemorizado si crees que tu hermano te está atacando para arrebatarte el Reino de los Cielos. Ésta es la base fundamental de todas las proyecciones del ego.” (T-7.VII.8)

(2:4-7) «¿Puede acaso el dolor ser parte de la paz, o el pesar de la dicha? ¿Cómo podrían el miedo y la enfermedad adentrarse en una mente en la que moran el amor y la santidad perfecta? La verdad tiene que abarcarlo todo, si es que es la verdad. No aceptes opuestos ni excepciones, pues hacer eso es contradecir la verdad.»

Jesús nos dice una vez más que el suyo es un curso de todo-o-nada, y no debemos comprometer la realidad al tratar de hacer que cualquier cosa en este mundo sea real. Lo mejor que podemos decir es que algo aquí sirve al propósito del Espíritu Santo de ser un salón de clases en el que aprendemos a recordar la realidad. Por lo tanto, mientras creamos que hay dolor o su ausencia, hacemos realidad la dualidad y la ilusión. Mientras creamos que hay gozo, pero no estamos gozosos, decimos que este mundo es real y que el Cielo no lo es. Lee esta clara expresión de la naturaleza no-transigente de la realidad – sólo la verdad es verdad:

“Debe ser, o bien que Dios está loco, o bien que este mundo es un manicomio. Ni uno solo de los Pensamientos de Dios tiene sentido en este mundo. Y nada de lo que el mundo acepta como cierto tiene sentido alguno en Su Mente. Lo que no tiene sentido ni significado es demente. Y lo que es demente no puede ser la verdad. Si una sola de las creencias que en tanta estima se tienen aquí fuese cierta, entonces todo Pensamiento que Dios jamás haya tenido sería una ilusión. Pero si uno solo de Sus Pensamientos es cierto, entonces todas las creencias a las que el mundo otorga significado son falsas y absurdas. Ésta es la decisión que tienes ante ti. No trates de verla de otra manera ni de hacer de ella lo que no es. Pues lo único que puedes hacer es tomar esta decisión.” (T-25.VII.3:2-11)

Jesús continúa con el mismo pensamiento:

(3:1-4) «La salvación es el reconocimiento de que la verdad es verdad, y de que nada más lo es. Has oído esto antes, pero puede que todavía no hayas aceptado ambas partes de la aseveración. Sin la primera, la segunda no tiene sentido. Pero sin la segunda, la primera deja de ser verdad.»

Queremos tener un poco de Cielo en el infierno, y así diremos: la verdad es verdad, Dios es Amor y el Cielo es maravilloso, «pero» este mundo también es verdad, como lo son nuestras experiencias aquí. Algo de nuestros cuerpos es vital, y algo de nuestra experiencia es real. ¡No nos quites eso! Así habla el ego, pero Jesús nos dice que si la primera parte de su declaración es verdadera – “la verdad es verdad”, la segunda parte también debe ser cierta: “nada más lo es”. No puede haber un opuesto a la verdad. Decir que la verdad es verdad es decir que cualquier cosa fuera de la Unicidad es una ilusión. Por eso se nos dice que no podemos tener un poco de infierno en el Cielo, o un poco de Cielo en el infierno:

“No puedes renunciar parcialmente al Cielo. No puedes estar en el infierno sólo un poco. La Palabra de Dios [la Expiación] no admite excepciones. Esto es lo que hace que sea santa y que esté más allá del mundo.” (M-13.7:3-6)

“…es imposible que haya ciertas áreas en el Cielo reservadas para el infierno.” (M-22.1:4)

(3:5-8) «La verdad no puede tener opuestos. No se puede hacer suficiente hincapié en esto o pensar en ello con demasiada frecuencia. Pues si lo que no es verdad fuese tan cierto como lo que es verdad, entonces parte de la verdad sería falsa y la verdad dejaría de tener significado.»

Lo que hace que estas palabras tengan sentido es pensar en lo que hacemos con el mundo. Si algo aquí es verdadero, entonces parte de la verdad debe ser falsa. La verdad es todo-inclusiva, siendo una, y no hay nada fuera de su unidad. Para decirlo de otra manera, el mundo de la percepción (forma) no es lo opuesto al conocimiento. En el mejor de los casos, «refleja» la verdad del conocimiento, pero en sí mismo es ilusorio, ya que “«aquello que todo lo abarca no puede tener opuestos.»” (T-in.1: 8):

“La diferencia palpable que existe entre la percepción y el conocimiento resulta muy evidente si consideras esto: no hay nada parcial con respecto al conocimiento. Cada uno de sus aspectos es total, y, por lo tanto, ningún aspecto está separado de otro…La percepción, aun en su expresión más elevada, nunca es completa. Incluso la percepción del Espíritu Santo -la más perfecta que puede haber- no tiene significado en el Cielo. La percepción puede extenderse a todas partes bajo Su dirección, pues la visión de Cristo contempla todo en la luz. Pero no hay percepción, por muy santa que sea, que perdure eternamente.” (T-13.VIII.2:1-2, 5-8)

(3:9) «Sólo la verdad es verdad, y lo que es falso, falso es.»

Aunque este tema se repite continuamente en todo el texto, el libro de ejercicios y el manual, no se puede vivir en este mundo con tal comprensión. Por lo tanto, Un Curso de Milagros nos enseña a reflejar esa verdad aquí a través del perdón. Por lo tanto, no se nos pide que neguemos nuestras experiencias, sino que neguemos lo que pensamos que son. Todo aquí es simbólico, y es nuestra elección si simboliza el sistema de pensamiento de especialismo del ego, o la corrección del Espíritu Santo que ve todas las cosas como aulas de aprendizaje. Es la elección simple entre la ilusión y la verdad, en donde se encuentra la esencia de la salvación:

“La salvación reside en el simple hecho de que las ilusiones no son temibles porque no son verdad. Te parecerán temibles en la medida en que no las reconozcas como lo que son; y no las reconocerás como lo que son en la medida en que desees que sean verdad. En esa misma medida estarás negando la verdad y no llevando a cabo la simple elección entre la verdad y las ilusiones; entre Dios y las fantasías. Recuerda esto, y no te resultará difícil percibir la elección exactamente como es, y sólo como es.” (T-16.V.14)

Jesús aclara así que el problema no es su forma. El hecho de que «queramos» el problema «es» el problema, porque nuestro deseo establece que el ego es real.

(4:1-2) «Ésta es la más simple de las distinciones, si bien, la más ambigua. Mas no porque sea una distinción difícil de percibir,… »

Jesús está diciendo que no es realmente difícil comprender que lo que es verdad, verdad es, y lo que es falso, falso es. De hecho, al comienzo del último capítulo del texto, pregunta qué podría ser más fácil de aprender que esta simple verdad sobre la verdad. Él no se deja engañar por nuestras protestas de que no podemos aprender lo que es tan simple y tan obvio:

“¡Qué simple es la salvación! Tan sólo afirma que lo que nunca fue verdad no es verdad ahora ni lo será nunca. Lo imposible no ha ocurrido, ni puede tener efectos. Eso es todo. ¿Podría ser esto difícil de aprender para aquel que quiere que sea verdad? Lo único que puede hacer que una lección tan fácil resulte difícil es no estar dispuesto a aprenderla. ¿Cuán difícil puede ser reconocer que lo falso no puede ser verdad, y que lo que es verdad no puede ser falso? Ya no puedes decir que no percibes ninguna diferencia entre lo falso y lo verdadero. Se te ha dicho exactamente cómo distinguir lo uno de lo otro, y lo que tienes que hacer si te confundes. ¿Por qué, entonces, te empeñas en no aprender cosas tan sencillas como éstas?” (T-31.I.1)

Observa una vez más el continuo regreso de Jesús al problema de la motivación: lo que hace que la simplicidad de la lección sea tan difícil de entender es la falta de voluntad para renunciar a nuestro falso yo.

(4:3) «… sino porque se halla oculta tras una amplia gama de opciones que no parecen proceder enteramente de ti.»

En otras palabras, el mundo existe fuera de mi mente y no soy responsable de ello, siendo una víctima, no de las decisiones de mi mente sino de los acontecimientos externos. Esto, una vez más, es la esencia de nuestra toma de decisiones: la verdad de la unidad de la Filiación – el Amor de Cristo – o la ilusión de intereses separados:

“El núcleo de la ilusión de la separación reside simplemente en la fantasía de que es posible destruir el significado del amor [la relación especial]. Y a menos que se restaure en ti el significado del amor, tú que compartes su significado no podrás conocerte a ti mismo. La separación no es más que la decisión de no conocerte a ti mismo. Todo este sistema de pensamiento es una experiencia de aprendizaje cuidadosamente urdida, diseñada para apartarte de la verdad y conducirte a las fantasías. Mas por cada enseñanza que pueda hacerte daño, Dios te ofrece corrección y el escape total de todas sus consecuencias.

Decidir entre si escuchar o no las enseñanzas de este curso y seguirlas, no es sino elegir entre la verdad y las ilusiones. Pues en este curso se hace una clara distinción entre la verdad y las ilusiones y no se confunden en absoluto. ¡Qué simple se vuelve esta elección cuando se percibe exactamente como es! Pues sólo las fantasías hacen que elegir sea confuso, pero las fantasías son totalmente irreales.” (T-16.V.15-16)

Sin embargo, son estas fantasías de especialismo muy complejas las que ocultan la simplicidad del problema y su solución – el poder de nuestras mentes para elegir:

“La única libertad que aún nos queda en este mundo es la libertad de elegir, y la elección es siempre entre dos alternativas o dos voces.” (C-1.7:1)

(4:4) «Y así, la verdad parece tener algunos aspectos que ponen en entredicho su consistencia, si bien no parecen ser contradicciones que tú mismo hayas introducido.»

Un ejemplo de la inconsistencia de la verdad es pensar que Dios, permaneciendo en el Cielo del amor perfecto, también está en este mundo, aunque no sea un lugar amoroso. La mayoría de las religiones se ven obligadas a caminar por la imposible cuerda floja para explicar cómo un mundo lleno de sufrimiento, odio y muerte puede coexistir con el Dios todo-amoroso Quien supuestamente lo creó. Así, la verdad parece ser inconsistente, como en el comentario de Jesús después de presentarnos un retrato del sufrimiento inherente a la vida del cuerpo. Regresaremos a ese retrato a continuación, pero aquí están las palabras de Jesús sobre la incongruencia de creer que un Dios amoroso podría crear el ataque y la muerte:

“Si éste fuese el mundo real, Dios «sería» ciertamente cruel. Pues ningún Padre podría someter a Sus hijos a eso como pago por la salvación y al mismo tiempo «ser» amoroso. «El amor no mata para salvar». Si lo hiciese, el ataque sería la salvación, y ésta es la interpretación del ego, no la de Dios.” (T-13.in.3:1-4)

No nos damos cuenta de que introducimos esta incoherencia y esta contradicción. No fue la Palabra de Dios la que escribió la Biblia, sino las mentes de personas cuya ambivalencia y conflicto encontraron expresión creativa en las historias bíblicas, que culminaron en una teología que no tiene sentido. Jesús nos pide que no culpemos de la inconsistencia a Dios o la verdad, porque es nuestra, hecha del intento mágico de permitir que un poco del Cielo exista en el infierno. Él explica además, en el contexto de la visión cristiana de la crucifixión, que esta teología es inconcebible:

“La crucifixión no estableció la Expiación; fue la resurrección la que lo hizo. Son muchos los cristianos sinceros que no han entendido esto correctamente…Si se examina la crucifixión desde un punto de vista invertido, parece como si Dios hubiese permitido, e incluso fomentado, el que uno de Sus Hijos sufriese por ser bueno. Esta desafortunada interpretación, que surgió como resultado de la proyección, ha llevado a muchas personas a vivir sumamente atemorizadas de Dios. Tales conceptos anti-religiosos se infiltran en muchas religiones. El auténtico cristiano, sin embargo, debería hacer una pausa y preguntarse: “¿Cómo iba a ser posible esto?…Con frecuencia la persecución termina siendo un intento de “justificar” la terrible y errónea percepción de que Dios Mismo persiguió a Su Propio Hijo en nombre de la salvación. Ni siquiera las mismas palabras tienen sentido…¿Crees que nuestro Padre piensa realmente así? Es tan esencial eliminar cualquier pensamiento de este tipo que debemos asegurarnos de que nada semejante permanezca en tu mente. Yo no fui “castigado” porque tú fueses malo. La lección completamente benévola que la Expiación enseña se echa a perder si se mancilla con cualquiera de las formas en que esta clase de distorsión se manifiesta.” (T-3.I.1:2-3, 5-8; 2:4-5, 8-11)

Jesús ahora hace una fuerte declaración de por qué Dios no puede tener nada que ver con este mundo. Ya he discutido cómo los estudiantes de Un Curso de Milagros frecuentemente tratan de cambiar el significado de Jesús cuando dice que Dios no creó “el mundo que ves”, entendiéndolo como que Dios «sí» creó el mundo, pero no el dolor y el sufrimiento que «nosotros» hemos hecho realidad. Sin embargo, esto «no» es lo que Jesús quiere decir en absoluto, como vemos ahora. Su punto es que Dios no creó un mundo en el que creemos que podemos ver. En otras palabras, Él no creó un mundo perceptivo o dualista de formas en el que hay un sujeto y un objeto. Leemos:

(5) «Tal como Dios te creó, tú no puedes sino seguir siendo inmutable; y los estados transitorios son, por definición, falsos. Eso incluye cualquier cambio en tus sentimientos, cualquier alteración de las condiciones de tu cuerpo o de tu mente; así como cualquier cambio de conciencia o de tus reacciones. Esta condición de abarcamiento total es lo que distingue a la verdad de la mentira, y lo que mantiene a lo falso separado de la verdad, y como lo que es.»

Este es el regalo: todo en el mundo cambia, lo que nos ayuda a entender por qué Dios no puede estar involucrado en ello. Si la realidad del Cielo es inmutable, este mundo es exactamente lo contrario. No es sólo el cuerpo físico el que cambia -desde el nacimiento, pasando por lo que llamamos vida, hasta la muerte, seguido de varias etapas en la “vida después de la muerte”- sino que también cambian nuestros estados emocionales – nuestros estados de ánimo, pensamientos y sentimientos están en constante cambio. Todas estas son solo ilusiones diseñadas por el ego para ocultar la verdad inmutable de la realidad:

“Las apariencias engañan, pero pueden cambiar. La realidad, en cambio, es inmutable. No engaña en absoluto, y si tú no puedes ver más allá de las apariencias, te estás dejando engañar. Pues todo lo que ves cambiará; sin embargo, antes pensabas que era real, y ahora crees que es real nuevamente. De este modo, la realidad se ve reducida a formas y se la considera susceptible de cambiar. La realidad, no obstante, es inmutable. Esto es lo que hace que sea real y lo que la distingue de todas las apariencias. Tiene que estar más allá de toda forma para poder ser ella misma. No puede cambiar.” (T-30.VIII.1)

(6:1) «¿No es acaso extraño que consideres arrogante pensar que fuiste tú quien fabricó el mundo que ves?»

La gente diría con falsa humildad: ¿cómo puedo haber fabricado este mundo? Es demasiado complejo y complicado. Sin embargo, piensa en los mundos extraños que inventamos cada noche en sueños, muchos de los cuales son extraños y exóticos, dolorosos o placenteros, simples o complicados. Sin embargo, son ilusorios, no son diferentes de los sueños que constituyen el universo físico:

“Los sueños te muestran que tienes el poder de construir un mundo a tu gusto, y que por el hecho de desearlo lo ves. Y mientras lo ves no dudas de que sea real. Mas he ahí un mundo, que aunque claramente existe sólo en tu mente, parece estar afuera…Pareces despertar, y el sueño desaparece. Pero lo que no reconoces es que lo que dio origen al sueño no desapareció con él. Tu deseo de construir otro mundo que no es real sigue vivo en ti. Y pareces despertar a lo que no es sino otra forma de ese mismo mundo que viste en tus sueños. Estás soñando continuamente. Lo único que es diferente entre los sueños que tienes cuando duermes y los que tienes cuando estás despierto es la forma que adoptan, y eso es todo. Su contenido es el mismo. Constituyen tu protesta contra la realidad, y tu idea fija y demente de que la puedes cambiar.” (T-18.II. 5:1-3, 8-15)

Por lo tanto, «es» arrogante creer que hicimos el mundo, una arrogancia nacida de la creencia de que somos más poderosos que Dios y que, de hecho, podemos hacer que un mundo sea lo opuesto al Suyo. La verdadera humildad reconoce, ¡y felizmente! – la imposibilidad de tal locura.

(6:2-3) «Dios no lo creó. De eso puedes estar seguro. »

Para reafirmar este punto importante, no es que Dios no hizo el mundo que ves, en términos de su interpretación de él. Él no hizo un mundo en el que la percepción – el mundo de la forma – sea verdad, ni tampoco hizo un mundo en el que las cosas cambien, como ya hemos visto:

“El mundo que ves no es más que la ilusión de un mundo. Dios no lo creó, pues lo que Él crea tiene que ser tan eterno como Él. En el mundo que ves, no obstante, no hay nada que haya de perdurar para siempre. Algunas cosas durarán en el tiempo algo más que otras. Pero llegará el momento en el que a todo lo visible le llegue su fin.” (C-4.1)

(6:4-7) «¿Qué puede saber Él de lo efímero, del pecado o de la culpabilidad? ¿Qué puede saber de los temerosos, de los que sufren y de los solitarios; o de la mente que vive dentro de un cuerpo condenado a morir? Pensar que Él ha creado un mundo en el que tales cosas parecen ser reales es acusarlo de demente. Él no está loco. Sin embargo, sólo la locura da lugar a semejante mundo.»

Como se mencionó anteriormente, Jesús describe el mundo separado del ego – un mundo de culpa, creado por la culpa:

“La aceptación de la culpabilidad en la mente del Hijo de Dios fue el comienzo de la separación, de la misma manera en que la aceptación de la Expiación es su final. El mundo que ves es el sistema ilusorio de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido. Contempla detenidamente este mundo y te darás cuenta de que así es. Pues este mundo es el símbolo del castigo, y todas las leyes que parecen regirlo son las leyes de la muerte. Los niños vienen al mundo con dolor y a través del dolor. Su crecimiento va acompañado de sufrimiento y muy pronto aprenden lo que son las penas, la separación y la muerte. Sus mentes parecen estar atrapadas en sus cerebros, y sus fuerzas parecen decaer cuando sus cuerpos se lastiman. Parecen amar, sin embargo, abandonan y son abandonados. Parecen perder aquello que aman, la cual es quizá la más descabellada de todas las creencias. Y sus cuerpos se marchitan, exhalan el último suspiro, se les da sepultura y dejan de existir. Ni uno solo de ellos ha podido dejar de creer que Dios es cruel.” (T-13. in.2)

Recuerda el siguiente comentario de Jesús de que “si éste fuese el mundo real, Dios sería ciertamente cruel.” (T-13.in.3: 1). En este pasaje del libro de ejercicios, nos dice que si este fuera el mundo real, Dios «estaría» loco. El tema de la locura de Dios se discute en “La roca de la salvación”, en el contexto de la premisa demente del ego de que uno debe perder para que otro gane, la base de su mundo de culpa y castigo:

“La creencia de que es posible perder no es sino el reflejo de la premisa subyacente de que Dios está loco. Pues en este mundo parece que alguien tiene que perder porque otro ganó. Si esto fuese cierto, entonces Dios estaría loco. Mas ¿qué es esa creencia, sino una forma de la premisa más básica según la cual, “El pecado es real y es lo que rige al mundo”? Por cada pequeña ganancia que se obtenga alguien tiene que perder, y pagar el importe exacto con sangre y sufrimiento. Pues, de lo contrario, el mal triunfaría y la destrucción sería el costo total de cualquier ganancia. Tú que crees que Dios está loco, examina esto detenidamente y comprende que, o bien Dios es demente o bien es esto lo que lo es, pero no ambos.” (T-25.VII.11)

Así volvemos al principio fundamental de «uno o el otro»: la vida o la muerte, el amor o el pecado, la locura de Dios o la nuestra.

Mientras trabajas con el Curso, es esencial que no traigas a Dios, el Espíritu Santo, o cualquier cosa espiritual al mundo o al cuerpo. De hecho, como hemos visto, el cuerpo fue fabricado específicamente para ocultar lo espiritual que está más allá del mundo. Lo único “espiritual” aquí es ver el mundo como un aula en la que aprendemos, del Maestro «en nuestras mentes», que el mundo es ilusorio. Ese es su único propósito, porque no hay nada inherentemente espiritual sobre lo material.

(7:1) «Pensar que Dios creó el caos, que contradice Su Propia Voluntad, que inventó opuestos a la verdad y que le permite a la muerte triunfar sobre la vida es arrogancia.»

Jesús suavemente apunta su dedo de la verdad en nuestra dirección y nos pide que lo sigamos. El caos demente y la crueldad de nuestro mundo no son obra de Dios, ni una expresión misteriosa de Su Voluntad. Proviene únicamente de nuestra decisión demente en favor del ego, haciéndonos así correctos y a Dios equivocado. Además, como Jesús nos explica en “Las leyes del caos”, forzamos a Dios a pensar lo que pensamos. Recordemos este pasaje incisivo e inquietante:

“En ninguna otra parte es más evidente la arrogancia en la que se basan las leyes del caos que como sale a relucir aquí. He aquí el principio que pretende definir lo que debe ser el Creador de la realidad; lo que debe pensar y lo que debe creer; y, creyéndolo, cómo debe responder. Ni siquiera se considera necesario preguntarle si eso que se ha decretado que son Sus creencias es verdad. Su Hijo le puede decir lo que ésta es, y la única alternativa que le queda es aceptar la palabra de Su Hijo o estar equivocado. Esto conduce directamente a la tercera creencia descabellada que hace que el caos parezca ser eterno. Pues si Dios no puede estar equivocado, tiene entonces que aceptar la creencia que Su Hijo tiene de sí mismo y odiarlo por ello.” (T-23.II.6)

Hicimos el pecado real, y luego hicimos un Dios que lo cree, pidiendo vengativamente nuestro castigo. Además, hicimos un mundo para atacar a Dios y luego lo metimos en él, exigiéndole que lo arreglara. Luego vamos aún más lejos y decimos que Dios hizo este mundo en Su infinita sabiduría, cuyo misterio no podemos comenzar a comprender. Sin embargo, Jesús nos pide que dejemos a Dios fuera de este lío de locura, que nuestra arrogancia usa para afirmar que tenemos razón (y, por lo tanto, cuerdos) y que Dios está equivocado (y, por lo tanto, demente). Es el momento, dice Jesús, para el cambio a la humildad:

(7:2-5) «La humildad se daría cuenta de inmediato de que estas cosas no proceden de Él. ¿Y sería posible acaso ver lo que Dios no creó? Pensar que puedes, es creer que puedes percibir lo que la Voluntad de Dios no dispuso que existiera. ¿Y qué podría ser más arrogante que eso?»

Nuestra creencia es que «podemos» ver lo que Dios no creó. El problema no es solo que veamos dolor y enfermedad, sino que creemos que «vemos», «pensamos» y «sentimos». Nuestras percepciones, pensamientos y sentimientos son parte de la misma ilusión. Al equiparar la arrogancia con la pequeñez y la humildad con la grandeza, Jesús nos pide que no dejemos que el mundo nos quite la conciencia de nuestra verdadera gloria:

“No te contentes con la pequeñez. Pero asegúrate de que entiendes lo que es, así como también la razón por la que jamás podrías sentirte satisfecho con ella. La pequeñez es la ofrenda que te haces a ti mismo. La ofreces y la aceptas en lugar de la grandeza. En este mundo no hay nada que tenga valor porque es un mundo que procede de la pequeñez, de acuerdo con la extraña creencia de que la pequeñez puede satisfacerte. Cuando te lanzas en pos de cualquier cosa en este mundo creyendo que te ha de brindar paz, estás empequeñeciéndote y cegándote a la gloria. La pequeñez y la gloria son las únicas alternativas de que dispones para dedicarles todos tus esfuerzos y toda tu vigilancia. Y siempre elegirás una a expensas de la otra.” (T-15.III.1)

(8:1) «Seamos hoy verdaderamente humildes y aceptemos lo que hemos hecho tal como es.»

Necesitamos darnos cuenta de que hicimos este mundo para excluir a Dios de nuestras vidas. Eso es lo que Jesús quiere decir más adelante en el libro de ejercicios, como hemos visto antes, cuando nos dice que el mundo estaba destinado a ser un lugar donde Dios no pudiese entrar, y donde Su Hijo pudiera estar separado de Él (W-pII.3.2 : 4).

Así, Jesús nos pide que veamos el mundo por lo que es: la segunda línea de defensa del ego, que es la sombra del sistema de pensamiento subyacente de pecado, culpa y miedo, que en sí misma es una defensa contra el recordar Quiénes somos. La humildad dice que hice todo esto para demostrar que tengo razón, pero gracias a Dios estoy equivocado – con respecto al mundo y su sistema de pensamiento de dolor y muerte. Como Jesús nos pregunta:

“¿Crees acaso que la Voluntad de Dios es impotente? ¿Es a eso a lo que llamas humildad? No te das cuenta de lo que esta creencia ha ocasionado. Te consideras a ti mismo vulnerable, débil, fácil de destruir y a merced de innumerables agresores mucho más fuertes que tú.” (T-22.VI.10:3-6)

Esto no es humildad, sino locura. ¿Cómo puede ser débil el Hijo de Dios? De hecho, todo el poder en el Cielo y en la tierra se nos otorga a través del poder de la mente para elegir, que Jesús nos presenta como nuestro:

“Mi mente será siempre como la tuya porque fuimos creados iguales. Fue sólo la decisión que tomé lo que me dio plena potestad tanto en el Cielo como en la tierra. El único regalo que te puedo hacer es ayudarte a tomar la misma decisión. Inherente a esta decisión es la decisión de compartirla, pues la decisión en sí es la decisión de compartir. Se toma mediante el acto de dar, y es por lo tanto, la única alternativa que se asemeja a la verdadera creación. Yo soy tu modelo a la hora de tomar decisiones. Al decidirme por Dios te mostré que es posible tomar esta decisión y que tú la puedes tomar.” (T-5.II.9)

Y así nos recuerda de nuevo:

(8:2) «Tenemos el poder de decidir.»

«Yo» fabriqué el mundo, «yo» soy el soñador del sueño y, por lo tanto, «yo» puedo elegir cambiar con quién y con qué estoy soñando. Soy «yo» quien finalmente elige cambiar de soñar a despertar a la realidad, cumpliendo así la función del milagro. Todo depende de lo que quiera – paz o conflicto, felicidad o dolor, perdón o culpa:

“En realidad no ha ocurrido nada, excepto que te quedaste dormido y tuviste un sueño en el que eras un extraño para ti mismo y tan sólo una parte del sueño de otro. El milagro no te despierta, sino que simplemente te muestra quién es el soñador. Te enseña que mientras estés dormido puedes elegir entre diferentes sueños, dependiendo del propósito que le hayas adscrito a tu soñar. ¿Deseas sueños de curación o sueños de muerte? Un sueño es como una memoria, en el sentido de que te presenta las imágenes que quieres que se te muestren.” (T-28.II.4)

(8:3-5) Decide únicamente aceptar el papel que te corresponde como co-creador del universo, y todo eso que crees haber fabricado desaparecerá. Lo que entonces emergerá en tu conciencia será todo lo que siempre ha estado ahí, lo cual ha sido eternamente como es ahora. Y entonces pasará a ocupar el lugar de los auto-engaños que inventaste a fin de usurpar el altar del Padre y del Hijo.

Jesús no está hablando del universo físico. A veces usa la palabra universo para referirse al cosmos, al universo «físico», pero otras veces, como en este pasaje, se refiere al universo del «espíritu». Así dice: “Decide contra tu ego, y en favor de mí y del principio de la Expiación. Esto restaurará a la conciencia tu Identidad tal como Dios te creó, el Cristo Quien co-crea el Cielo con Él”:

“Dios se extiende hacia afuera, más allá de todo límite y más allá del tiempo, y tú que eres co-creador con Él, extiendes Su Reino eternamente y más allá de todo límite. La eternidad es el sello indeleble de la creación. Los eternos son felices y viven en paz eternamente.” (T-7.I.5:4-6)

Una vez que decidamos en favor de Dios y de nuestro Ser, todo lo que fabricamos – el sistema de pensamiento de separación y el mundo que lo refleja – desaparecerá, y la paz y la alegría de la creación serán nuestras para siempre. Cuando elegimos aceptar la corrección del Espíritu Santo para el ego, el recuerdo de Dios alborea sólo un instante antes de desaparecer en lo Que era el recuerdo; el reflejo de la santidad se convierte en lo reflejado, resplandeciendo en el altar que es la Única Mente de Dios y Cristo:

“…la santidad no es un reflejo, sino la verdadera condición de lo que aquí no era más que un reflejo en ellos. Dios no es una imagen, y Sus creaciones, en cuanto que parte de Él, lo contienen a Él dentro de ellas mismas. Ellas no reflejan simplemente la verdad, sino que «son» la verdad.” (T-14.IX.8:5-7)

El resto de la lección está dedicado a los períodos de práctica:

(9:1-3) «Hoy vamos a practicar la verdadera humildad, abandonando la falsa pretensión con la que el ego intenta probar que la humildad es arrogancia. Sólo el ego puede ser arrogante. Pero la verdad es humilde, puesto que reconoce su propio poder, su inmutabilidad y su eterna plenitud, totalmente abarcadora, la cual es el regalo perfecto que Dios le hace a Su Hijo amado. »

Nuestra humildad, una vez más, le dice a Jesús: “Tienes razón y yo estoy equivocado, por lo cual estoy eternamente agradecido. Nada puede hacerme más feliz que saber que estaba equivocado en todo “.

(9:4) «Dejaremos a un lado la arrogancia, que afirma que somos pecadores, culpables, temerosos y que estamos avergonzados de lo que somos; y en lugar de ello, elevaremos nuestros corazones con verdadera humildad hasta Aquel que nos creó inmaculados y semejantes a Él en poder y en amor.»

Como dice el texto, somos “humildes ante Él, y sin embargo grandes «en» Él” (T-15.IV.3: 1). Nuestra humildad reconoce que Dios es el Creador y nosotros los creados. En ese momento nos damos cuenta de que compartimos en Su grandeza y poder, la respuesta a toda oración:

“Usar el poder que Dios te ha dado como Él quiere que se use es algo natural. No es arrogancia ser como Él te creó ni hacer uso de lo que te dio como respuesta a todos los errores de Su Hijo para así liberarlo. Pero sí es arrogancia despreciar el poder que Él te dio y elegir un nimio e insensato deseo en vez de lo que Su Voluntad dispone. El don que Dios te ha dado es ilimitado. No hay circunstancia en la que no se pueda usar como respuesta ni problema que no se resuelva dentro de su misericordiosa luz.” (T-26.VII.18)

Sólo la arrogante voz de la pequeñez del ego diría lo contrario.

(10:1-3) «Tenemos el poder de decidir. Y aceptamos de Él aquello que somos, y reconocemos humildemente al Hijo de Dios. Reconocer al Hijo de Dios implica asimismo que hemos dejado a un lado todos los conceptos acerca de nosotros mismos y que hemos reconocido su falsedad.»

Puedes subrayar la palabra «todos», ya que el sistema de pensamiento de Jesús incluye es todo inclusivo: “«todos» los conceptos acerca de nosotros mismos que han sido dejados de lado y se han reconocido como falsos”. Esto recuerda el pasaje que cité anteriormente:

“Aprender este curso requiere que estés dispuesto a cuestionar cada uno de los valores que abrigas. Ni uno solo debe quedar oculto y encubierto, pues ello pondría en peligro tu aprendizaje.” (T-24.in.2:1-2)

«Cada» valor debe ser cuestionado. Comienzas cuestionando los valores que tienes en el mundo, como el especialismo, y terminas cuestionando el valor último: tu existencia individual. Todos los conceptos acerca de ti mismo están destinados a defender este valor en la conciencia. Es por eso que Jesús declara:

“El concepto del yo ha sido siempre la gran preocupación del mundo. Y cada individuo cree que tiene que encontrar la solución al enigma de lo que él es. La salvación se puede considerar como el escape de todos los conceptos. No se ocupa en absoluto del contenido de la mente, sino del simple hecho de que ésta piensa.” (T-31.V.14:1-4)

“Con nuestros conceptos de nosotros mismos desaparecidos, lo Que realmente somos nos hablará de Sí Mismo.” (T-31.V.17:9)

(10:4) «También hemos percibido su arrogancia.»

Esta es la arrogancia de pensar que comprendo lo que me motiva a mí y a los demás, lo que me hace feliz e infeliz, lo que es santo e impío, y lo que me llevará a la casa de Dios – todo esto no es más que la arrogancia del ego, a la que miramos a través de la visión de la verdad y la humildad:

(10:5) «Y con humildad aceptamos jubilosamente como nuestros el esplendor del Hijo de Dios, su mansedumbre, su perfecta pureza, el Amor de su Padre, así como su derecho al Cielo y a liberarse del infierno.»

De este modo, dejamos de lado los regalos del infierno del ego y aceptamos los regalos del Cielo en su lugar.

(11:1) «Ahora nos unimos en gozoso reconocimiento de que las mentiras son falsas y de que sólo la verdad es verdad.»

Ya no luchamos contra esta declaración, porque ya no deseamos traer el Cielo a la tierra, mezclando la verdad con la ilusión.

(11:2-4) «Al levantarnos pensaremos únicamente en la verdad, y pasaremos cinco minutos practicando sus caminos, alentando a nuestras temerosas mentes con lo siguiente:

Tengo el poder de decidir. Hoy me aceptaré a mí mismo tal como la Voluntad de mi Padre dispuso que yo fuese.»
Cuando nos despertamos por la mañana, “pensaremos únicamente en la verdad”. A nivel práctico, esto significa que pensamos en el reflejo de la verdad, porque “únicamente en la verdad” significa que ni siquiera estoy aquí. Reflejar la verdad significa que con gustosamente estoy despierto para un día completo de lecciones, en donde aprendo con un Maestro que me instruirá en la medida en que le traiga a Él mis experiencias. Él me ayudará a entender su significado; específicamente, que yo había estructurado cuidadosamente mi día para probar que tenía razón y que Dios estaba equivocado, y que existo como individuo pero con alguien más como responsable. El Espíritu Santo me ayuda a darme cuenta de que inventé esto como una defensa contra el sistema de pensamiento de culpa de mi mente, que se hizo para defenderme de recordar el amor que es mi realidad eterna. De este modo, mi día se vuelve uno feliz – independientemente de las circunstancias que me esperan – gracias a las lecciones que puedo aprender. No necesito ser consciente de la verdad no-dualista, sino simplemente ser consciente del reflejo de la verdad del Espíritu Santo: intereses compartidos en lugar de intereses separados. Esa es la Voluntad de mi Padre para mí en el sueño, el medio de recordar Su Voluntad para mí en el Cielo.

(11:5) «Luego aguardaremos en silencio, abandonando todo auto-engaño,»

Aquí vemos nuevamente que esperar en silencio para que Dios me hable, o para que el amor de Jesús me abrace, no significa absolutamente nada mientras «mis» pensamientos busquen ocupar Su lugar. Debo mirar los auto-engaños de mi vida y sistema de pensamiento. Sólo entonces puedo experimentar Su Amor, la Presencia de la verdad que desvanece las mentiras del ego.”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

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