«Ahora buscaré y hallaré la paz de Dios.» (Lección 230)

 

 

“Hemos aprendido a través de las lecciones de la primera parte, y nuestro estudio del texto, cuán equivocados hemos estado en buscar la felicidad y la verdad donde nunca las encontraríamos. Ahora nos damos cuenta que sólo están en la mente recta, que es lo único que queremos.

(1) «Fui creado en la paz. Y en la paz permanezco. No me ha sido dado poder cambiar mi Ser. ¡Cuán misericordioso es Dios mi Padre, que al crearme me dio la paz para siempre! Ahora sólo pido ser lo que soy. ¿Y podría negárseme eso cuando es eternamente verdad?»

Cambiar mi Ser nunca fue una opción o posibilidad. En mis sueños, tal vez, pero me ha sido dado ser parte de Dios, y ¿cómo podría una parte de la Totalidad perfecta estar separada de Sí Misma? ¿cómo podría el pecado afectar la verdad de mi realidad? y ¿cómo podría el Espíritu Santo «no» recordarme el perdón de mi percibida pecaminosidad?

“Ahora Él puede recordarle al mundo lo que es la impecabilidad: la única condición -inalterada e inalterable- de todo cuanto Dios creó. El Espíritu Santo puede ahora proclamar la Palabra de Dios a oídos atentos y llevar la visión de Cristo a ojos que ven. Ahora Él es libre de enseñarles a todas las mentes lo que ellas en realidad son para que gustosamente le sean devueltas a Él. Y ahora en Su visión y en la Palabra de Dios, se perdona y se pasa por alto completamente la culpabilidad.” (M-18.2:4-7)

(2:1-4) «Padre, busco la paz que Tú me diste al crearme. Lo que se me dio entonces tiene que encontrarse aquí ahora, pues mi creación fue algo aparte del tiempo y aún sigue siendo inmune a todo cambio. La paz en la que Tu Hijo nació en Tu Mente aún resplandece allí sin haber cambiado. Soy tal como Tú me creaste.»

Mi Identidad está fuera del tiempo y del espacio y, por lo tanto, no está enraizada en el mundo o en el cuerpo. Este tema central del Libro de Ejercicios, de hecho, del Curso mismo, me recuerda que la verdad de Quién soy es inmutable y permanece dentro de mi mente. Todo lo que necesito hacer es reclamarla a través del milagro:

“La realidad es inmutable. Los milagros no hacen sino mostrar que lo que tú has interpuesto entre la realidad y tu conciencia es ilusorio y que no es en modo alguno una interferencia. …Precisamente porque la realidad es inmutable, existe en ella un milagro que sana todas las cosas cambiantes y te las ofrece para que las veas en una forma que te brinda felicidad y que está libre de temor. Se te concederá poder ver a tu hermano de esta manera…El Cristo en él es perfecto…Y cuando Él se te haya aparecido, tendrás la certeza de que eres como Él, pues Él es lo inmutable en tu hermano y en ti.” (T-30.VIII.4:1-2; 5:1-2, 5, 9).

(2:5-6) «Sólo necesito invocarte para hallar la paz que Tú me diste. Es Tu Voluntad la que se la dio a Tu Hijo.»

La respuesta de Dios a nuestra invocación se escucha en la relación especial, porque cuando perdonamos a nuestros compañeros especiales la tenebrosa culpabilidad que proyectamos sobre ellos, recordamos la luz que nos une como uno solo. Como Jesús cierra el anexo de Psicoterapia:

“Recuerda el plan de Dios para restaurar la dicha y la paz. Y no olvides qué simples son los caminos de Dios:

Estabas perdido en la oscuridad del mundo hasta que pediste luz. Y entonces Dios envió a Su Hijo para dártela.” (P-3.III.8:10-13)

En esta luz del perdón hemos hallado la paz que buscábamos, porque hemos recordado que nuestra voluntad y la de Dios son una sola.”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

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