«No estoy en peligro en ningún lugar del mundo.» (Lección 244)

 

 

“Nuestra invulnerabilidad como Hijo de Dios es otro tema importante y recurrente. Dentro del sistema del ego estamos en peligro perpetuo como cuerpos que viven en el mundo. El ego comienza con un pensamiento de vulnerabilidad: ataqué a Dios, y él me atacará a cambio – lo que inevitablemente da lugar a un cuerpo que es vulnerable en su forma proyectada. Sin embargo, cuando ya no nos identificamos con el sistema de pensamiento de pecado y ataque del ego, compartimos la invulnerabilidad inherente como el Hijo que Dios creó como uno con Él.

(1) «Tu Hijo está a salvo dondequiera que se encuentre porque Tú estás allí con él. Sólo con que invoque Tu Nombre recordará su seguridad y Tu Amor, pues éstos son Uno. ¿Cómo puede temer, dudar o no darse cuenta de que es imposible que pueda sufrir, estar en peligro o ser infeliz cuando él te pertenece a tí, es bienamado y amoroso, y está por siempre a salvo en Tu Paternal abrazo? »

Si Dios está en el Cielo conmigo, yo estoy allí con Él. Por lo tanto, no estoy realmente aquí en el mundo, porque Dios no está aquí. Invocar el Nombre de Dios no es parte de un encantamiento mágico, sino una corrección para los pequeños nombres que he dado a las cosas del mundo; pienso que algunas me harán daño, y pienso que algunas me ayudarán. Sin embargo, todos ellas se perciben como diferentes, una percepción basada en mis necesidades de especialismo y no sus funciones compartidas como proyecciones de la ilusión o extensiones del perdón. Reconocer la unidad inherente en las ilusiones de mentalidad errada y mentalidad correcta me permite recordar la única verdad del amor de Cielo, y despertar a mi Ser, a salvo y seguro dentro de Su abrazo Paternal.

(2) «Y ahí es en verdad donde nos encontramos. No hay tormenta que pueda venir a azotar el santuario de nuestro hogar. En Dios estamos a salvo, pues, ¿qué podría suponer una amenaza para Dios, o venir a asustar a lo que por siempre ha de ser parte de Él?»

Ese hogar es nuestras mentes correctas. Cuando estamos allí, con el Espíritu Santo, estamos fuera del sueño de culpabilidad y miedo. Podemos ser lastimados sólo dentro del sueño, que comienza con el pensamiento de daño: hago daño a Dios, Quien me hará daño a cambio. Dado que «las ideas no abandonan su fuente», el mundo que surge de ese pensamiento comparte la misma cualidad. Pero cuando se va más allá del sueño, sin embargo, desaparece; y sonreímos gentilmente a la tontería de creer que alguna vez estuvimos en peligro. Recuerda, cuando te sientes amenazado, crees que sabes lo que te salvará. Esto te conduce más lejos de la verdad, y más profundamente en la locura. “¡Ah, esto lleva a la locura!”, exclamó el rey Lear, por todos nosotros. El pequeño poema de Helen “Safety” es una especie de recordatorio de la otra manera:

«El deseo de hacer daño sólo engendra temor.
Sin ello es obvia la protección,
Y el amparo ofrecido por todas partes. No hay
Ningún momento donde la seguridad necesite ser buscada,
Ni lugar donde esté ausente, y ninguna circunstancia
Que la pueda poner en peligro de alguna manera.

Está asegurada por cada pensamiento amoroso,
Se hace más evidente con cada mirada amorosa,
Traída más de cerca por palabras de perdón, y que se mantiene
Imperturbable, despejada, abierta a la luz,
Redimida, restaurada y santa en la visión de Cristo.»

(Los Regalos de Dios, p.8) “

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

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