«Que no vea ninguna limitación en mí.» (Lección 250)

 

 

“Cuando elegimos el ego en lugar del Espíritu Santo, nos convertimos en un yo limitado, el pobre sustituto del ego para el Ser ilimitado que es la creación de lo Ilimitado y que nunca ha abandonado Su Fuente.

(1) «Permítaseme contemplar al Hijo de Dios hoy y ser un testigo de su gloria. Y que no trate de empañar la santa luz que mora en él y ver su fuerza menoscabada y reducida a la fragilidad; que no perciba en él las deficiencias con las que atacaría su soberanía.»

Que no vea ninguna deficiencia en mí mismo o en alguien más. Si lo hago, ataco la soberanía, grandeza y abundancia del Hijo de Dios. Si quiero conocerme a mí mismo como ilimitado, debo ver a todos los demás como ilimitados. La elección es mía: la visión de la impecabilidad o el juicio de la culpa. Lo que elija ver refleja la elección de mi propia identidad:

“Al principio, la visión te llegará en forma de atisbos, pero eso bastará para mostrarte lo que se te concede a ti que ves a tu hermano libre de pecado. La verdad se restituye en ti al tú desearla, tal como la perdiste al desear otra cosa. Abre las puertas del santo lugar que cerraste al haber valorado esa “otra cosa”, y lo que nunca estuvo perdido regresará calladamente. Ha sido salvaguardado para ti. La visión no sería necesaria si no se hubiese concebido la idea de juzgar. Desea ahora que ésta sea eliminada completamente y así se hará.” (T-20.VIII.1)

(2) «Él es Tu Hijo, Padre Mío. Y hoy quiero contemplar su ternura en lugar de mis ilusiones. Él es lo que yo soy, y tal como lo vea a él, me veré a mí mismo. Hoy quiero ver verdaderamente, para que en este mismo día pueda por fin identificarme con él.»

Todo lo que necesitas hacer para darte cuenta de cuál maestro has elegido es prestar atención a la manera en que percibes a alguien – cualquier persona. Si ves a esa persona como superior o inferior a ti, como merecedor de ataque, juicio, y crítica, o diferente de ti de alguna manera, esa percepción te dice que ya no deseas ver la ternura del Espíritu Santo. Prefieres justificar la crueldad de Dios por lo cruel que crees que fuiste con Él. Sin embargo, en lugar de reconocer ese “hecho”, ves a todos los demás como pecaminosos y merecedores de castigo. El punto fundamental es prestar cuidadosa atención a la manera en que percibes a los demás y al mundo, porque, una vez más, eso te dirá qué maestro has elegido. Por consiguiente, cuando te des cuenta de tu error, simplemente di: “Sí, he cometido un error y ahora puedo elegir correctamente.” Recordemos este pasaje del texto:

“La condenación es un juicio que emites acerca de ti mismo, y eso es lo que proyectas sobre el mundo. Si lo ves como algo condenado, lo único que verás es lo que tú has hecho para herir al Hijo de Dios. Si contemplas desastres y catástrofes, es que has tratado de crucificarlo. Si ves santidad y esperanza, es que te has unido a la Voluntad de Dios para liberarlo. Éstas son las únicas alternativas que tienes ante ti. Y lo que veas dará testimonio de tu elección y te permitirá reconocer cuál de ellas elegiste. El mundo que ves tan sólo te muestra cuánta dicha te has permitido ver en ti y aceptar como tuya.” (T-21.in.2:1-7)

Si no experimentamos la dicha que realmente buscamos, sabemos dónde encontrarla – en nuestro gentil hermano, quien refleja nuestro gentil Ser.”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

Pulsa aquí para volver a la lección original