«Mi Ser es amo y señor del universo.» (Lección 253)

 

 

“Esta lección guarda relación con la Lección 236: “Gobierno mi mente, la cual sólo yo debo gobernar.” Aquí, sin embargo, el Ser que gobierna es Cristo, y el universo al que Jesús se refiere es el universo del espíritu – otro ejemplo del inconsistente uso de las palabras por parte de Jesús. Recordemos que a veces “universo” se refiere al cosmos físico, gobernado por nuestro yo ilusorio.

(1:1-2) «Es imposible que me pase algo sin yo mismo haberlo pedido. Aun en este mundo, soy yo el que rige mi destino.»

Mi yo separado es el gobernante del mundo, porque sólo «yo» puedo elegir entre mis mentes errada y correcta. Sin embargo, todo el tiempo mi verdadero Ser sigue siendo el gobernante del universo de Cristo.

(1:3-5) «Lo que sucede es lo que deseo. Lo que no ocurre es lo que no deseo que suceda.
Tengo que aceptar esto.»

Esta es una referencia a la declaración de “Somos responsables de lo que vemos”:

“Soy responsable de lo que veo. Elijo los sentimientos que experimento y decido el objetivo que quiero alcanzar. Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede tal como lo pedí.” (T-21.II.2:3-5)

Esto debe ser entendido en dos niveles:

1. Metafísicamente, todo en mi vida es mi sueño, porque mi mente lo ha elegido todo: genes, padres, cuerpo – género, altura, peso, color de piel, etc.

2. Experiencialmente, he elegido mi reacción a lo que sucede aquí – un nivel mucho más fácil de relacionar. Si estoy molesto es porque he elegido estar molesto; no por algo que hiciste. Ciertamente puedes haber hecho conductualmente aquello de lo que te acuso, pero esa no es la causa de mi pérdida de paz. Lo cierto es que nadie puede quitarme esta paz sino yo mismo. Esto es lo que Jesús está diciendo que debo aceptar. Nadie es responsable de mi felicidad o mal-estar, que provienen sólo de la elección de mi mente. Una vez que acepto que no es el mundo el que me afectó, puedo cambiar de mentalidad y deshacer mi error. La curación es el resultado inevitable.

(1:6) «Pues de esta manera se me conduce más allá de este mundo a mis creaciones -las criaturas de mi voluntad-, las cuales moran en el Cielo junto con mi santo Ser y con Aquel que me creó.»

Este es uno de los pocos lugares en el libro de ejercicios donde Jesús habla de las “creaciones”. El término hace referencia a las extensiones del Amor de Cristo, así como Cristo es la extensión del Amor de Dios. Cuando nos damos cuenta de que no es el mundo lo que nos causó, sino que nosotros causamos el mundo, podemos cambiar de mentalidad. Permaneciendo completamente en nuestras mentes rectas, estamos en el mundo real, que desaparece rápidamente a medida que el recuerdo de nuestra Identidad como Cristo vuelve a nuestra conciencia. Así sabemos que somos el amor que se extiende a sí mismo como nuestras creaciones.

(2) «Tú eres el Ser a Quien Tú creaste como el Hijo, el cual crea como Tú y es uno Contigo. Mi Ser, que es señor y amo del universo, no es sino la perfecta unión de Tu Voluntad con la mía, la cual no puede sino asentir gustosamente a la Tuya, de modo que pueda extenderse hasta Sí Misma.»

Esta es una hermosa descripción de la Unicidad del Cielo: Cristo en Dios, Quienes juntos comparten la única función de extender el amor.”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

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