«Elijo pasar este día en perfecta paz.» (Lección 255)

 

 

(1) «No me parece que pueda elegir experimentar únicamente paz hoy. Sin embargo, mi Dios me asegura que Su Hijo es como Él. Que pueda hoy tener fe en Aquel que afirma que soy el Hijo de Dios. Y que la paz que hoy elijo experimentar dé fe de la verdad de Sus Palabras. El Hijo de Dios no puede sino estar libre de preocupaciones y morar eternamente en la paz del Cielo. En Nombre Suyo, consagro este día a encontrar lo que la Voluntad de mi Padre ha dispuesto para mí, a aceptarlo como propio y a concedérselo a todos Sus Hijos, incluido yo.»

No me parece que pueda estar en paz hoy porque está amenazada a cada paso. El clima me hace estar sin paz, al igual que esta persona con la que vivo o trabajo, por no mencionar el cuerpo en el que habito. Siempre hay cosas especiales que inciden sobre mí, y no parece como si tuviera alguna elección sobre sus efectos nocivos en mí. En estas meditaciones, Jesús nos lleva de nuevo a la mente, donde está el problema. Así deberían ser pasados nuestros días, en la comprensión de que lo que sentimos proviene de la elección de la mente, y si hemos elegido un sentimiento, es porque lo queremos. El texto nos ayuda a comprender que estamos lo suficientemente locos como para querer estar molestos y con dolor para hacer a alguien más responsable de nuestra victimización y sufrimiento.

El resultado es que mantenemos nuestras identidades separadas, pero sin ser responsables de ellas. Y así estaremos encantados de optar por no estar en paz. Sin la comprensión de esta motivación, nuestras decisiones no tienen sentido, especialmente cuando pasamos años leyendo y estudiando Un Curso de Milagros, y sin embargo no integramos sus enseñanzas en nuestras vidas. Parece que no avanzamos en nuestro aprendizaje, ya que aceptar lo que se nos enseña nos llevaría a dejar ir nuestro yo. Sin embargo, debido a que no queremos ser acusados de robar esa identidad individual, necesitamos personas específicas que pequen contra nosotros u otros para no tener que lidiar con nuestro pecado percibido.

Una vez más, por lo tanto, necesitamos ser conscientes de que la angustia es una elección. Primero aceptamos esto intelectualmente, y luego gradualmente experimentamos el deseo de ser injustamente tratados. Sólo entonces dejaremos ir esta locura, y estaremos agradecidos de haberlo hecho.

(2) «Así es como deseo pasar este día Contigo, Padre Mío. Tu Hijo no Te ha olvidado. La paz que le otorgaste sigue estando en su mente, y es ahí donde elijo pasar este día.»

Nuestra oración a Dios es para ayudarnos a comprender que es Su Amor contra el que hemos elegido, sin embargo, es únicamente Su Amor lo que deseamos. Esa debería ser la motivación operativa de cada día, y de cada minuto de cada día. Jesús nos está recordando que elijamos pasar nuestros días en la paz que Dios nos otorgó, salvaguardada en la mente recta por el Espíritu Santo. En consecuencia, Su segunda lección dice: “Para tener paz, enseña paz para así aprender lo que es.” (T-6.V-B.7: 5). Por lo tanto, si realmente quiero pasar este día en perfecta paz, debo compartir esta paz con los demás a través del perdón. De lo contrario, mi deseo será rechazado – «por mí». Empero, permítaseme liberar a mi hermano de mis proyecciones, y la paz de Dios fluirá a través de la mente de Su único Hijo, ahora convertida en un templo de curación, en cuyo altar todos están abrazados en el amor del Cielo.

“La paz que Él ha depositado, muy hondo dentro de ti y tu hermano, se extenderá quedamente a cada aspecto de vuestras vidas, rodeándoos a ambos de radiante felicidad y con la sosegada certeza de que gozáis de absoluta protección. Y vosotros llevaréis su mensaje de amor, seguridad y libertad a todo aquel que se acerque a vuestro templo, donde la curación le espera.” (T-19.IV.1:6-7)”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

Pulsa aquí para volver a la lección original