«Que recuerde que Dios me creó.» (Lección 260)

 

 

“Esto es lo esencial; que olvidamos. El principio de Expiación dice que nada ha cambiado, porque seguimos siendo la viviente y amorosa Unicidad que Dios creó, como leemos en estas conocidas líneas:

“Dios creó a Sus Hijos extendiendo Su Pensamiento y conservando las extensiones de Su Pensamiento en Su Mente. Todos Sus Pensamientos están, por lo tanto, perfectamente unidos dentro de sí mismos y entre sí.” (T-6.II.8:1-2)

(1:1-5) «Padre, yo no me creé a mí mismo, aunque en mi demencia creí que así había sido. No obstante, en cuanto que Pensamiento Tuyo, no he abandonado mi Fuente y sigo siendo parte de Aquel que me creó. Tu Hijo, Padre mío, Te llama hoy. Que recuerde que Tú me creaste. Que recuerde mi Identidad.»

Aquí tenemos de nuevo un reconocimiento de nuestro error. Como un Pensamiento de Dios, nunca abandonamos nuestra Fuente y seguimos siendo uno con Aquel que nos creó, a pesar de nuestro Pensamiento demente:

“Puedes percibirte como tu propio creador, pero lo que a lo sumo puedes hacer es creerlo. No puedes hacer que sea verdad. Y como dije anteriormente, cuando por fin percibas correctamente no podrás sino alegrarte de que así sea.” (T-3.VII.4:6-8)

(1:6) «Y que deje que mi impecabilidad vuelva a alzarse ante la visión de Cristo, a través de la cual deseo hoy contemplar a mis hermanos y contemplarme a mí mismo.»

La forma en que recordamos Quién somos como el único Hijo de Dios no es meditando sobre las verdades eternas – simplemente perdonamos. Aprendemos que nuestros intereses no están separados de los de alguien más, y que el principio de «uno o el otro» no nos hace felices. La visión de Cristo viene cuando pedimos la ayuda de Jesús para ver a este otro como a nosotros mismos. Las diferencias superficiales entre nosotros no pueden ocultar la única necesidad y propósito que compartimos en la relación santa – aprender que el pecado no existe:

“Esta santa relación tiene el poder de curar todo dolor, sea cual sea su forma. Ni tu hermano ni tú por separado podéis ser útiles en absoluto. Únicamente en vuestra voluntad conjunta radica la curación.Y al sanar los dos, la Filiación queda sanada porque vuestras voluntades se han unido.” (T-22.VI.4:4-6, 8)

(2) «Ahora recordamos nuestra Fuente, y en Ella encontramos por fin nuestra verdadera Identidad. Somos en verdad santos porque nuestra Fuente no conoce el pecado. Y nosotros que somos Sus Hijos, somos semejantes los unos a los otros, y semejantes a Él.»

La esencia del especialismo es que tú y yo no somos iguales, sino diferentes. La corrección de mentalidad correcta – no la conciencia de «Una sola Mente» de nuestra unidad como espíritu – es que tú y yo somos iguales al compartir un mismo propósito. Si te ataco, me ataco a mí mismo, porque si somos semejantes y creo que mereces ser atacado, debo creer que yo también merezco ser atacado. Por eso es esencial reconocer que todo lo que pienso de ti proviene de lo que pienso de mí mismo. Somos iguales, ya que en su impecabilidad el Hijo de Dios no tiene partes separadas:

“Ésa es la función de tu relación santa…tu mente y la mente de tu hermano son una…vuestra relación es un reflejo de la unión que existe entre el Creador y Su Hijo. Entre las mentes amorosas no hay separación… La luz que os une brilla a través del universo, y puesto que os une, hace que seáis uno con vuestro Creador…Aquello que te enseña que no os podéis separar niega al ego. Deja que la verdad decida si tú y tu hermano sois diferentes o iguales, y que te enseñe cuál de estas dos posibilidades es verdad.” (T-22.VI.14:1, 3, 5-6; 15:1, 6-7) “

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

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