«6. ¿Qué es el Cristo?» (L.PII.Preg.6)

 

 

“Hemos observado que Jesús usa palabras y términos de manera diferente, según su contexto. Este resumen nos proporciona otro ejemplo, ya que «Cristo» se usa de tres maneras. La primera se ve en el párrafo 1, con Cristo definido como el Hijo de Dios como lo es en el Cielo: espíritu, unicidad y amor. Su naturaleza inmutable nunca ha salido de Su Fuente, por lo que permanece en un estado no dualista, totalmente más allá del mundo inexistente. En el párrafo 2, sin embargo, Jesús habla de que Cristo está en nuestras mentes correctas, donde «Cristo» es sinónimo del «Espíritu Santo», denotando la parte de nosotros que habita como el santo Niño, tan conmovedoramente representado en la Lección 182. Así «Cristo» se refiere no sólo al perfecto Hijo de Dios como espíritu, sino también al principio de Corrección o Expiación del Espíritu Santo – el propósito de Dios para Su Hijo dentro del sueño de separación. Más tarde, cerca del final de este resumen, Jesús habla de ver la faz de Cristo, la inocencia del Hijo de Dios, en todos nuestros hermanos.

(1) «Cristo es el Hijo de Dios tal como Él lo creó. Cristo es el Ser que compartimos y que nos une a unos con otros, y también con Dios. Es el Pensamiento que todavía mora en la Mente que es Su Fuente. No ha abandonado Su santo hogar ni ha perdido la inocencia en la que fue creado. Mora inmutable para siempre en la Mente de Dios.»

Cristo es una idea en la Mente de Dios y nunca ha abandonado Su Fuente. Este Pensamiento es la clave para nuestra liberación de la prisión de separación y culpabilidad del ego, ya que si Cristo permanece en su hogar con Su Fuente, también lo ha hecho el Hijo, porque son uno. ¿Y dónde está la culpabilidad cuando se nos revela la inocencia de Cristo?

“El Cristo, tal como se revela ante ti ahora, no tiene pasado, pues es inmutable y en Su inmutabilidad radica tu liberación. Pues si Él es tal como fue creado, no puede haber culpabilidad en Él.” (T-13.VI.3:2-3)

(2:1) «Cristo es el eslabón que te mantiene unido a Dios,…»

En el texto, Jesús habla del Espíritu Santo como el Nexo de Comunicación entre Dios y Sus Hijos separados, que asegura el recuerdo de nuestra verdadera identidad a pesar de los esfuerzos de nuestro ego:

“El Nexo de Comunicación que Dios Mismo colocó dentro de ti y que une tu mente con la Suya, no puede ser destruido. Tal vez creas que ése es tu deseo, y esa creencia ciertamente interfiere en la profunda paz en la que se conoce la dulce y constante comunicación que Dios desea mantener contigo. Sus canales de extensión, no obstante, no pueden cerrarse del todo o separarse de Él.” (T-13.XI.8:1-3)

Por lo tanto, necesitamos dejar que las palabras hablen a través de su contenido, y no tomarlas por separado en el nivel de la forma, de lo contrario sabotearemos sutil y seguramente nuestra relación con el Curso. Recuerda que las palabras no son más que símbolos – de mentalidad correcta y errada – que apuntan a algo más allá de ellas mismas.

(2:1) «Cristo es el eslabón que te mantiene unido a Dios, y la garantía de que la separación no es más que una ilusión de desesperanza, pues toda esperanza morará por siempre en Él.»

Esto refleja el principio de Expiación que dice que la separación de Dios es una ilusión. Nunca sucedió, y reconocer esto es nuestra redención:

“¿Cómo iba a poder el Hijo de Dios perderse en sueños, cuando Dios ha puesto dentro de él la jubilosa llamada a despertar y a ser feliz? Él no se puede separar de lo que está en él. Su sueño no podrá resistir la llamada a despertar. Es tan seguro que la misión de la redención se cumplirá como que la creación permanecerá inmutable por toda la eternidad.” (T-13.XI.10:1-4)

(2:2-3) «Tu mente es parte de la Suya, y Ésta de la tuya. Él es la parte en la que se encuentra la Respuesta de Dios, y en la que ya se han tomado todas las decisiones y a los sueños les ha llegado su fin.»

Se nos ha dicho repetidamente en Un Curso de Milagros que la Respuesta de Dios es el Espíritu Santo, Quien reside en nuestras mentes correctas. Cristo, por lo tanto, ahora se define como nuestras mentes correctas, y Su Amor nos llama a responder Su Respuesta con nuestra aceptación:

“Es una respuesta exaltada por razón de su Origen, y como el Origen es verdad, la respuesta lo es también. Escucha y no pongas en duda lo que oigas, pues Dios nunca engaña. Él quiere que reemplaces la creencia del ego en la pequeñez por Su Propia Respuesta exaltada a lo que tú eres, de modo que puedas dejar de ponerla en duda y la conozcas tal como es.” (T-9.VIII.11:7-9)

Por lo tanto, nuestras mentes correctas esperan nuestra decisión. ¡Hagámoslo pronto!

(2:4-5) «Nada que los ojos del cuerpo puedan percibir lo afecta en absoluto. Pues aunque Su Padre depositó en Él los medios para tu salvación, Él sigue siendo, no obstante, el Ser que, al igual que Su Padre, no conoce el pecado.»

Nuevamente se nos ofrecen dos formas de concebir a Cristo. La última frase de la oración 5 es el Cristo de Mentalidad-Una, el Ser que es impecable y totalmente uno con Su Padre.

La primera frase habla de que Cristo está en nuestras mentes correctas – los medios para salvarnos de creer erróneamente en la realidad de la separación y el cuerpo. Por lo tanto, en el texto se nos recuerda que nuestro Ser no reside en un cuerpo, aunque es allí donde se experimenta la percepción, y termina en la mente que ha sido sanada de los pensamientos ilusorios de pecado:

“El Cristo en ti no habita en un cuerpo. Sin embargo, está en ti. De ello se deduce, por lo tanto, que no estás dentro de un cuerpo…Cristo se encuentra dentro de un marco de santidad cuyo único propósito es permitir que Él se pueda poner de manifiesto ante aquellos que no le conocen y así llamarlos a que vengan a Él y lo vean allí donde antes creían estaban sus cuerpos…Nadie que lleve a Cristo dentro de sí puede dejar de reconocerlo en ninguna parte. «Excepto» en cuerpos. Pero mientras alguien crea estar en un cuerpo, Cristo no podrá estar donde él cree estar…El cuerpo no tiene necesidad de curación. Pero la mente que cree ser un cuerpo, ciertamente está enferma. Y aquí es donde Cristo suministra el remedio. Su propósito envuelve al cuerpo en Su luz y lo llena con la Santidad que irradia desde Él.” (T-25.in.1:1-3, 8; 2:1-3; 3:1-4)

Aquí una vez más, vemos cómo Jesús no nos quita nuestras identificaciones corporales, sino que simplemente transforma su propósito del pecado a la santidad, de la culpabilidad al perdón, de la oscuridad a la luz.

(3) «Al ser el hogar del Espíritu Santo y sentirse a gusto únicamente en Dios, Cristo permanece en paz en el Cielo de tu mente santa. Él es la única parte de ti que en verdad es real. Lo demás son sueños. Mas éstos se le entregarán a Cristo, para que se desvanezcan ante Su gloria y pueda por fin serte revelado tu santo Ser, el Cristo.»

Una vez más vemos referencias a ambos aspectos de Cristo: el único Hijo de Dios, y el principio de corrección de mentalidad correcta que conduce al mundo real, más allá del cual está la gloria del amor del Cielo, nuestro verdadero hogar:

“Él [Cristo] contempla serenamente el mundo real, que desea compartir contigo porque sabe que Su Padre lo ama. Y sabiendo esto, desea darte lo que es tuyo. Él te aguarda en el altar del Padre en perfecta paz, ofreciéndote el Amor del Padre en la serena luz de la bendición del Espíritu Santo. Pues el Espíritu Santo conducirá a todo el mundo a su hogar y a su Padre, donde Cristo les espera como Su Ser.” (T-12.VI.5:6-9)

(4:1-2) «El Espíritu Santo se extiende desde el Cristo en ti hasta todos tus sueños, y los invita a venir hasta Él para que puedan ser transformados en la verdad. Él los intercambiará por el sueño final que Dios dispuso fuese el fin de todos los sueños.»

Se nos recuerda que debemos llevar la oscuridad de la ilusión a la luz de la verdad; nuestros sueños de pesadilla a los sueños felices de perdón del Espíritu Santo. Cuando todos nuestros sueños son felices y nuestra práctica diaria de perdón se completa, el Espíritu Santo nos conduce al sueño final – el mundo real – en el que toda elección está hecha. Jesús explica en otra parte que permaneceremos en ese sueño final sólo un instante, y luego Dios descenderá hasta nosotros y nos elevará hacia Él (T-11.VIII.15: 4-5). En “Los Regalos de Dios” él describe la alegría de regresar al Cristo, Quien es nuestro Ser:

«Cuán alegre y cuán santo es nuestro camino cuando la muerte no tiene dominio, y el sueño de separación, agonía y pérdida se ha disipado para siempre. No pienses que nada de lo que los regalos del miedo ofrecen vale un instante de vacilación, cuando las puertas del Cielo están frente a ti y el Cristo de Dios está esperando tu regreso. Estad quedos y escuchadle, porque su llamada a vosotros no puede ser más insistente ni más querida, porque no es más que la llamada del Amor mismo, que no dejará de hablaros de Dios. Lo has olvidado. Pero Él es fiel todavía, porque es tan semejante a Su Padre que lo recuerda por siempre en Su Amor. Y no puede olvidar que la creación es inseparable del Creador, por lo que entiende que eres parte de Dios y del Hijo creado como Él Mismo.» (Los Regalos de Dios, pp. 121-22).

(4:3) «Pues cuando el perdón descanse sobre el mundo y cada uno de los Hijos de Dios goce de paz, ¿qué podría mantener las cosas separadas cuando lo único que se puede ver es la faz de Cristo?»

La «faz de Cristo» simboliza la inocencia del Hijo de Dios. Si él es inocente, no hay pecado y, por lo tanto, no hay separación. En nuestro estado de mentalidad correcta, nuestros ojos físicos seguirán viendo, pero a través de la visión de Cristo entendemos que lo que vemos son solo figuras en un sueño, aspectos del único Hijo de Dios que se durmió. En el mundo real, estamos fuera del sueño y nos damos cuenta de que sólo Dios es verdadero. Tal es el propósito santo del perdón, su realización garantizada por Dios. Cuando no queda nada más que la faz de Cristo, ¿puede el Amor todo-inclusivo de Dios estar muy atrás?

“Éste es el propósito que se te encomendó. No pienses que perdonar a tu hermano os beneficia sólo a vosotros dos. Pues el nuevo mundo en su totalidad descansa en las manos de cada dos seres que entren allí a descansar. Y mientras descansan, la faz de Cristo refulge sobre ellos, y ellos recuerdan las leyes de Dios, olvidándose de todo lo demás y anhelando únicamente que Sus leyes se cumplan perfectamente en ellos y en todos sus hermanos.” (T-20.IV.7:1-4)

(5:1) «¿Y por cuánto tiempo habrá de verse esta santa faz, cuando no es más que el símbolo de que el período de aprendizaje ya ha concluido y de que el objetivo de la Expiación por fin se ha alcanzado? »

En otro lugar de Un Curso de Milagros, ver la faz de Cristo es parte del proceso continuo de perdón; pero aquí Jesús habla de él como el producto final – el mundo real, cuando el tiempo de aprendizaje ha terminado. Habiendo elegido solo la verdad, no puede haber una mente errada, y por lo tanto tampoco una mente correcta – nada queda por corregir. La percepción dura sólo un instante más, y entonces todo desaparece menos Dios:

“Las estrellas se desvanecerán en la luz, y el sol que iluminó al mundo para que su belleza se pudiese apreciar desaparecerá. La percepción no tendrá razón de ser cuando haya sido perfeccionada, pues nada que haya sido utilizado para el aprendizaje tendrá función alguna. Nada cambiará jamás; y las fluctuaciones y los matices, así como las diferencias y contrastes que hacían que la percepción fuese posible cesarán. La percepción del mundo real será tan fugaz que apenas tendrás tiempo de dar gracias a Dios por él. Pues una vez que hayas alcanzado el mundo real y estés listo para recibir a Dios, Él dará de inmediato el último paso.” (T-17.II.4)


(5:2) «Tratemos, por lo tanto, de encontrar la faz de Cristo y de no buscar nada más.»

Esta debería ser nuestra oración a lo largo del día: “Busquemos sólo la faz de Cristo y no busquemos nada más”. El ego nos pide que busquemos la faz de pecado y culpabilidad del ego; pero nunca en nosotros mismos. Después de haber hecho esta faz real en nuestras mentes, pretendemos que no está allí, sino en otros. Por lo tanto, necesitamos reconocer que lo anterior no es nuestra oración, que es: “Permítaseme sólo buscar la faz del ego y no buscar nada más. Excepto que no quiero verlo en el espejo, sino sólo en ti.” Démonos cuenta entonces de que esto no nos hará felices, pero pedirle a Jesús que nos ayude a ver a nuestros hermanos de otra manera definitivamente lo hará.

(5:3) «Al contemplar Su gloria, sabremos que no tenemos necesidad de aprender nada, ni de percepción, ni de tiempo, ni de ninguna otra cosa excepto del santo Ser, el Cristo que Dios creó como Su Hijo.»

El único propósito del Espíritu Santo para la percepción – el mundo del tiempo y el espacio – es que se convierta en nuestro salón de clases para aprender que todo esto es ilusorio. A medida que progresamos, primero vemos la faz de Cristo en nuestro hermano – el sueño feliz del Espíritu Santo. Practicando esta visión cada vez más consistentemente, aprendemos que esta faz de inocencia es compartida igualmente por todos, ya que compartimos un sólo Ser:

“La faz de Cristo se ve antes de que el Padre se pueda recordar, pues Éste permanece en el olvido hasta que Su Hijo haya llegado más allá del perdón hasta el Amor de Dios. El Amor de Cristo, no obstante, se acepta primero. Y entonces aflora el conocimiento de que Ambos son Uno.” (T-30.V.7:5-8) “

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

 

 

«Hoy sólo utilizaré la visión de Cristo.» (Lección 271)

 

 

“En esta lección se nos recuerda que lo que vemos es una elección entre la forma de ver del ego y la visión de Cristo.

(1:1) «Cada día, cada hora y cada instante elijo lo que quiero contemplar, los sonidos que quiero oír y los testigos de lo que quiero que sea verdad para mí.»

Jesús no se refiere a lo que ven nuestros ojos físicos, sino al «significado» de aquello que ven. En otras palabras, ¿a qué testigos estamos convocando: la crucifixión o la resurrección; el pecado, culpa y miedo del ego, o el perdón y la paz del Espíritu Santo ?

“Cada día, cada hora y cada minuto, e incluso cada segundo, estás decidiendo entre la crucifixión y la resurrección; entre el ego y el Espíritu Santo. El ego es la elección en favor de la culpabilidad; el Espíritu Santo, la elección en favor de la inocencia…Aquello entre lo que puedes elegir ya se ha fijado porque aparte de la verdad y de la ilusión no hay ninguna otra alternativa…Eres culpable o inocente, prisionero o libre, infeliz o feliz.” (T-14.III.4:1-2, 4, 6)

(1:2-4) «Hoy elijo contemplar lo que Cristo quiere que vea; hoy elijo escuchar la Voz de Dios, así como buscar los testigos de lo que es verdad en la creación de Dios. En la visión de Cristo, el mundo y la creación de Dios se encuentran, y según se unen, toda percepción desaparece. La dulce visión de Cristo redime al mundo de la muerte, pues todo aquello sobre lo que Su mirada se posa no puede sino vivir y recordar al Padre y al Hijo: la unión entre Creador y creación.»

De nuevo, esto es una elección. Lo que une al mundo con la verdad es la visión de Cristo. Su factor unificador refleja la verdad de la Unicidad de Dios, que retorna a nuestra conciencia a medida que tanto la percepción falsa como la verdadera desaparecen en la única luz de la creación.

(2:1) «Padre, la visión de Cristo es el camino que me conduce a Ti.»

En otra parte Jesús nos dice que el perdón es el camino – diferentes nombres para el mismo proceso:

“El perdón, la salvación, la Expiación y la percepción verdadera son todos una misma cosa. Son el comienzo de un proceso cuyo fin es conducir a la Unicidad que los transciende a todos.” (C-4.3:6-7)

(2:2) «Lo que Él contempla restaura Tu recuerdo en mí.»

Me he referido a la cuasi fórmula en Un Curso de Milagros de ver la faz de Cristo en nuestro hermano, y luego recordar a Dios. Recordemos esta declaración sucinta del texto:

“La faz de Cristo se ve antes de que el Padre se pueda recordar, pues Éste permanece en el olvido hasta que Su Hijo haya llegado más allá del perdón hasta el Amor de Dios. El Amor de Cristo, no obstante, se acepta primero. Y entonces aflora el conocimiento de que Ambos son Uno.” (T-30.V.7:5-8)

(2:3) «Y eso es lo que elijo contemplar hoy.»

Mi elección errada fue que contemplé el cuerpo y lo hice real, creyendo en lo que vi. Sin embargo, aunque mis ojos todavía ven el cuerpo, ahora es con una interpretación diferente. A través de la visión de Cristo, la conciencia de mi Ser me es restaurada.”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

 

 

 

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