«Cómo iban a poder satisfacer las ilusiones al Hijo de Dios?» (Lección 272)

 

 

“Jesús nos dice a lo largo de Un Curso de Milagros que nunca estaremos satisfechos, felices o en paz en el mundo, porque aquí sólo existen ilusiones. Los ídolos del especialismo funcionan por un tiempo, y luego nos fallan, pero el amor de Jesús funciona todo el tiempo y nunca falla, independientemente de las circunstancias externas. Así él diría: “Dejad que mi amor sea lo que buscáis, porque sólo eso os satisfará.”

(1:1-2) «Padre, la verdad me pertenece. Mi hogar se estableció en el Cielo mediante Tu Voluntad y la mía.»

Volvamos a leer estas reconfortantes palabras del Epílogo a la clarificación de términos, en paralelo con lo anterior:

“Nuestra jornada ya ha comenzado. Hace mucho tiempo que el final se escribió en las estrellas y se plasmó en los Cielos con un rayo de luz brillante que lo ha mantenido a salvo en la eternidad y a lo largo del tiempo, y que aún lo conserva inalterado, imperturbable e inmutable.” (C-ep.2:4-6)

(1:3-8) «¿Podrían contentarme los sueños? ¿Podrían brindarme felicidad las ilusiones? ¿Qué otra cosa sino Tu recuerdo podría satisfacer a Tu Hijo? No me contentaré con menos de lo que Tú me has dado. Tu Amor, por siempre dulce y sereno, me rodea y me mantiene a salvo eternamente. El Hijo de Dios no puede sino ser tal como Tú lo creaste.»

Nos damos cuenta de nuestro error, porque elegir las ilusiones  no nos ha traído felicidad. Sin embargo, la verdad de la Expiación del Espíritu Santo nos restaura el feliz recuerdo del amor del Cielo:

“Recuerda que siempre eliges entre la verdad y las ilusiones; entre la verdadera Expiación que cura, y la “expiación” del ego que destruye. Todo el poder y Amor de Dios, sin límite alguno, te apoyarán a medida que busques únicamente el papel que te corresponde desempeñar en el plan de Expiación que procede de Su Amor.” (T-16.VII.10:1-2)

(2) «Hoy dejamos atrás las ilusiones. Y si oímos a la tentación llamarnos e invitarnos a que nos entretengamos con un sueño, nos haremos a un lado y nos preguntaremos si nosotros, los Hijos de Dios, podríamos contentarnos con sueños cuando podemos elegir el Cielo con la misma facilidad que el infierno. Y el amor reemplazará gustosamente todo temor.»

Jesús nos está dejando saber, como veremos repetidamente, que estamos continuamente tentados a permanecer en los sueños de relaciones especiales del ego, y no podemos sino sufrir debido a sus juicios y pensamientos de ataque. Sin embargo, Jesús quiere que reconozcamos cuánto daño y dolor nos causa nuestro especialismo, porque en ese momento de reconocimiento aceptaremos gustosamente sus palabras, tomando de buen grado su mano mientras salimos del sueño con él. Esta es la elección que nos corresponde hacer. Jesús no puede hacerlo por nosotros, pero su presencia amorosa continuamente nos llama a hacer la única elección que él hizo, como leemos de nuevo del texto:

“He dicho ya que puedo ascender hasta lo alto y hacer que el Espíritu Santo descienda hasta ti, mas sólo puedo hacer eso a instancia tuya. El Espíritu Santo se encuentra en tu mente recta, tal como se encontraba en la mía. La Biblia dice: “Que more en ti la mente que estaba en Cristo Jesús”, y lo utiliza como una bendición. Te pide que pienses tal como yo pensé, uniéndote de esta manera a mí en el modo de pensar de Cristo.” (T-5.I.3:2-4,6)

¿Cómo no podríamos hacer tal elección, cuando el Cielo es lo único que nos traerá paz? “

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

 

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