«Todo tendrá un desenlace feliz.» (Lección 292)

 

 

“Puedes recordar la frase que se dice dos veces en el texto: “El desenlace final es tan inevitable como Dios” (T-2.III.3: 10; T-4.II.5: 8). Para el ego el desenlace también es inevitable, pero es el dios del ego, cuya certeza es la infelicidad y la miseria. Nos dice que el modo en que conseguimos la felicidad es a expensas de alguien más – otro debe sufrir. Dado que somos diferentes, si tú eres infeliz entonces yo no lo soy, porque mi felicidad sólo viene cuando la tuya es sacrificada. La feliz corrección que conduce al feliz desenlace es que la felicidad es nuestra herencia – tuya «y» mía – y está salvaguardada para nosotros en las mentes que aguardan por nuestra decisión de aceptarla.

(1:1) «Las promesas de Dios no hacen excepciones.»

Esto significa que no puedo perdonar a algunas personas y excluir al resto. La Filiación de Dios es una, y Él no reconoce una fragmentación que nunca ocurrió.

(1:2-3) «Y Él garantiza que la dicha será el desenlace final de todas las cosas. De nosotros depende, no obstante, cuándo habrá de lograrse eso: hasta cuando vamos a permitir que una voluntad ajena parezca oponerse a la Suya.»

En la Introducción de Un Curso de Milagros Jesús nos dice que «libre albedrío» significa que somos libres de elegir el momento en que aceptamos la verdad que ya está presente en nosotros:

“Tener libre albedrío no quiere decir que tú mismo puedas establecer el plan de estudios. Significa únicamente que puedes elegir lo que quieres aprender en cualquier momento dado.”
(T-in.1:4-5)

Esto no es algo que Jesús haga por nosotros. Debemos estar dispuestos a reconocer nuestros errores anteriores y luego elegir que sean deshechos para nosotros. La verdad, que es el reflejo de la Voluntad de Dios, ya está presente en nuestras mentes rectas. Hemos optado por sustituir la voluntad extraña del ego en su lugar, y es nuestra responsabilidad en cuanto a cuándo reconocer que cometimos un error, y estar agradecidos de que estuviéramos equivocados, para que finalmente podamos tomar la decisión correcta que garantiza el desenlace feliz.

(1:4-7) «Pues mientras pensemos que esa voluntad es real, no hallaremos el final que Él ha dispuesto sea el desenlace de todos los problemas que percibimos, de todas las tribulaciones que vemos y de todas las situaciones a que nos enfrentamos. Mas ese final es seguro. Pues la Voluntad de Dios se hace en la tierra, así como en el Cielo. Lo buscaremos y lo hallaremos, tal como dispone Su Voluntad, la Cual garantiza que nuestra voluntad se hace.»

No podemos fracasar cuando invocamos a Aquel que no puede fallar. Buscando sólo un desenlace feliz, que es todo lo que encontraremos cuando apelemos al Maestro de la felicidad, agradeciendo a Dios por Su Amor:

(2) «Te damos gracias, Padre, por Tu garantía de que al final todo tendrá un desenlace feliz. Ayúdanos a no interferir y demorar así el feliz desenlace que nos has prometido para cada problema que podamos percibir y para cada prueba por la que todavía creemos que tenemos que pasar.»

Del final del texto leemos palabras que sólo pueden brindarnos consuelo en el mundo del dolor:

“Las pruebas por las que pasas no son más que lecciones que aún no has aprendido que vuelven a presentarse de nuevo a fin de que donde antes hiciste una elección errónea, puedas ahora hacer una mejor y escaparte así del dolor que te ocasionó lo que elegiste previamente. En toda dificultad, disgusto o confusión Cristo te llama y te dice con ternura: “Hermano mío, elige de nuevo”. Él no dejará sin sanar ninguna fuente de dolor, ni dejará en tu mente ninguna imagen que pueda ocultar a la verdad…Su fortaleza es la tuya porque Él es el Ser que Dios creó como Su único Hijo.” (T-31.VIII.3:1-3, 7) “

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

 

Pulsa aquí para volver a la lección original