«Abrigar deseos conflictivos no puede ser mi voluntad.» (Lección 307)

 

 

“Estar en un perpetuo estado de conflicto es común para todos nosotros. Parte de nosotros reconoce nuestra miseria y quiere volver a casa. Como sus estudiantes, reconocemos en Un Curso de Milagros nuestra forma de la verdad, por lo que sinceramente queremos practicarlo y vivirlo. «Sin embargo, no lo hacemos». Por consiguiente, el conflicto dentro de nuestras mentes divididas: una parte quiere volver a nuestro Ser, mientras que la otra parte – generalmente fuera de la conciencia – está aterrorizada de perder su identidad y estar equivocada.

(1:1-3) «Padre, Tu Voluntad es la mía, y nada más lo es. No hay otra voluntad que yo pueda tener. Que no trate de forjar otra, pues sería absurdo y únicamente me haría sufrir.»

Hemos visto cómo Jesús espera ganar nuestra lealtad a través de nuestro egoísmo. No queremos ser infelices, ni queremos estar en el dolor. Él nos dice que si dejamos ir el juicio y nuestra obstinada insistencia de que tenemos razón, seremos verdaderamente felices. “No piensas así ahora”, nos dice, “porque crees que sabes más que yo. Pero tu dolor viene de pensar que tienes una voluntad que está en conflicto con la mía, y por eso crees que está en conflicto con la de Dios.” Esa creencia es cómo comenzó la separación, y nuestra aceptación de la Expiación – “Tu Voluntad es la mía, y nada más lo es”- es su final.

(1:4-5) «Sólo Tu Voluntad me puede hacer feliz, y sólo Tu Voluntad existe. Si he de tener aquello que sólo Tú puedes dar, debo aceptar lo que Tu Voluntad dispone para mí y alcanzar una paz en la que el conflicto es imposible, Tu Hijo es uno Contigo en ser y en voluntad, y nada contradice la santa verdad de que aún soy tal como Tú me creaste.»

Una vez más, Jesús quiere que entendamos y aceptemos que nunca seremos felices si estamos en conflicto, creyendo que Dios (o cualquier autoridad) es nuestro enemigo. No sólo nuestra voluntad es una con la de Dios, también es una con la de nuestros hermanos, ya que la única Voluntad del Cielo es nuestro Ser. Sólo mediante la aceptación de nuestra mente unida encontraremos el placer real de la felicidad y la paz, como explica este enunciado a principios del texto:

“Todo placer real procede de hacer la Voluntad de Dios. Esto es así porque «no» hacer Su Voluntad es una negación del Ser. La negación del Ser da lugar a ilusiones, mientras que la corrección del error nos libera del mismo.” (T-1.VII.1:4-6)

(2) «Y con esta plegaria nos sumergimos silenciosamente en un estado en el que el conflicto es imposible, pues hemos unido nuestra santa voluntad a la de Dios, en reconocimiento de que son una y la misma.»

El fin del conflicto es la aceptación de la unidad de la voluntad – Padre e Hijo – que deshace todos los pensamientos de dolor y sufrimiento. De hecho, nuestra oración por este silencioso estado de paz son las únicas palabra significativas que podemos pronunciar, porque no hay nada más que necesitemos. El perdón es el medio que el Espíritu Santo utiliza para responder a nuestra plegaria en busca de ayuda, corrigiendo nuestras percepciones erróneas de nuestros hermanos y de nosotros mismos. Esto inevitablemente conduce a la curación de la mente dividida a través de la visión que refleja la Unicidad de Dios y Su Hijo:

“Bienaventurado tú que estás aprendiendo que oír la Voluntad de tu Padre es conocer la tuya. Pues tu voluntad es ser como Él, Cuya Voluntad es que así sea. La Voluntad de Dios es que Su Hijo sea Uno y que esté unido a Él en Su Unicidad. Por eso es por lo que la curación representa el inicio del reconocimiento de que tu voluntad es la Suya.” (T-11.I.11:6-9) “

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

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