«Yo soy el medio para la salvación, así como su fin.» (Lección 318)

 

 

“Este título recuerda la hermosa declaración al final de la Lección 302: “Él es el Fin que perseguimos, así como los Medios por los que llegamos a Él.” En esa lección, Dios es a la vez los Medios y el Fin. En esta lección, «nosotros» somos el medio y el fin – el fin es el Hijo de Dios como el Cristo, y el medio para llegar a Él es la elección del Hijo de Dios de perdonarse a sí mismo.

(1:1) «En mí -el santo Hijo de Dios- se reconcilian todos los aspectos del plan celestial para la salvación del mundo.»

La teología cristiana tradicional ha enseñado que el Hijo de Dios – Jesús – fue quien reconcilió al hombre pecador con el Amor de Dios. Así Jesús toma esa misma idea y la aplica al Hijo de Dios en todos nosotros. Este Hijo no es la figura mágica llamada Jesucristo que vino al mundo para expiar por nuestros pecados a través de su muerte sufriente y sacrificial. Más bien, es el Hijo de Dios – otra vez, «todos nosotros» – quien reconcilia al Hijo de Dios con él mismo. Esto significa que «nosotros» deshacemos la creencia en el pecado, el prerrequisito para darnos cuenta de nuestra unicidad con Dios.

(1:2-3) «¿Qué podría estar en conflicto, cuando todos los aspectos comparten un mismo propósito y una misma meta? ¿Cómo podría haber un solo aspecto que estuviese separado o que tuviese mayor o menor importancia que los demás?»

Las «partes» (texto original en inglés) hacen referencia a los aparentes fragmentos de la Filiación. En otra parte del Curso, Jesús se refiere a estos como «aspectos» (por ejemplo, T-13.VI.6: 4). El valor de usar términos neutrales tales como «partes» o «aspectos» es que ello enfatiza que el Hijo de Dios no es sólo el homo sapiens, pues cada fragmento separado – animado o inanimado – es una sombra fragmentaria del único Hijo que duerme. Cada parte de la Filiación comparte un propósito y objetivo, que marca el fin del especialismo de la separación. A medida que avance tu día, por lo tanto, trata de ver con qué frecuencia tomarás partido y juzgarás las partes del Hijo de Dios como mejores o peores, más o menos importantes, más o menos espirituales. Y entonces pídele a Jesús que te ayude a ver la igualdad inherente en el único Hijo de Dios.

(1:4-8) «Yo soy el medio por el que el Hijo de Dios se salva, porque el propósito de la salvación es encontrar la impecabilidad que Dios ubicó en mí. Fui creado como aquello tras lo cual ando en pos. Soy el objetivo que el mundo anda buscando. Soy el Hijo de Dios, Su único y eterno amor. Yo soy el medio para la salvación, así como su fin.»

El «fin» es darme cuenta de que soy el Hijo de Dios como Cristo, y el «medio» para alcanzarlo es ver al Hijo de Dios en todos, incluyéndome a mí mismo, reconociendo nuestro único propósito y objetivo. Viendo al fin que compartimos el mismo ser, me despierto a la verdad de que compartimos un único Ser. Así, «soy» el Hijo de Dios, y «busco» al Hijo de Dios.

(2:1) «Permíteme hoy, Padre mío, asumir el papel que Tú me ofreces al pedirme que acepte la Expiación para mí mismo.»

Estrictamente hablando, no es Dios Quien hace esta petición, sino Jesús o el Espíritu Santo – nuestros Maestros del perdón.

(2:2) «Pues lo que de este modo se reconcilia en mí se reconcilia igualmente en Ti.»

Nos convertimos en uno a través del perdón, el significado de «se reconcilia»: uno como Hijo separado de Dios; uno como Cristo, en uno con Su Fuente.”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

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