«Mi Padre me da todo poder.» (Lección 320)

 

 

“Esta declaración es otra reinterpretación de un dicho bíblico al que se hace referencia en Un Curso de Milagros. En el Nuevo Testamento, Jesús dice: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.” (Mateo 28:18), lo que significa que Dios le dio a Jesús todo poder, «no a nadie más». Suyo es el poder porque él es el Hijo de Dios. En el Curso, Jesús dice que Dios, de hecho, da todo poder a Su Hijo, pero «todos somos Sus Hijos». Al comienzo de esta lección, Jesús se refiere a lo ilimitado del Hijo de Dios, sin embargo, en el sistema de pensamiento cristiano del ego, la Filiación de Dios está limitada, porque sólo hay un Hijo verdadero; el resto de nosotros somos adoptados (Efesios 1: 5). Aceptamos esta condición de segunda categoría como verdadera y la proyectamos fuera, viendo a todos como más limitados que nosotros — el especialismo que está en el núcleo del poder del ego.

(1:1-4) «El Hijo de Dios no tiene límites. Su fuerza es ilimitada, así como su paz, su júbilo, y todos los atributos con los que su Padre lo dotó en su creación. Lo que dispone con su Creador y Redentor se hace. Lo que su santa voluntad dispone jamás puede ser negado porque su Padre refulge en su mente, y deposita ante ella toda la fuerza y amor de la tierra y del Cielo.»

La fuerza de la ausencia de límites de Dios es la respuesta a todos los problemas que se perciben aquí:

“La unidad que existe entre el Creador y la creación constituye tu plenitud, tu cordura y tu poder ilimitado. Este poder ilimitado es el regalo que Dios te hace porque eso es lo que eres…No hay circunstancia en la que no se pueda usar como respuesta ni problema que no se resuelva dentro de su misericordiosa luz.” (T-7.VI.10:4-5; T-26.VII.18:5)

(1:5-6) «Yo soy aquel a quien todo esto se le da. Yo soy aquel en quien reside el poder de la Voluntad del Padre.»

Una vez más, derivado de la Lección 319, esto no es arrogancia, sino la humildad que dice que este poder no está sólo en mí, un individuo que domina a otros despóticamente. Es el poder de Cristo, el único Hijo de Dios, tal como Él lo creó, y sé que el poder es verdaderamente mío cuando comparto su fuerza y ​​amor con el mundo:

“Usar el poder que Dios te ha dado como Él quiere que se use es algo natural. No es arrogancia ser como Él te creó ni hacer uso de lo que te dio como respuesta a todos los errores de Su Hijo para así liberarlo. Pero sí es arrogancia despreciar el poder que Él te dio y elegir un nimio e insensato deseo en vez de lo que Su Voluntad dispone.” (T-26.VII.18:1-3)

(2:1) «Tu Voluntad puede hacer cualquier cosa en mí y luego extenderse a todo el mundo a través de mí.»

Cuando mi mente es curada, el Hijo de Dios es uno, y dado que «las ideas no abandonan su fuente», el mundo es uno conmigo también.

(2:2-3) «Tu Voluntad no tiene límites. Por lo tanto, a Tu Hijo se le ha dado todo poder.»

La conclusión de “The Singing Reed” de Helen expresa muy bien esta unidad de Padre e Hijo:

«Cuán santos son mis pasos, que sólo van
A hacer la Voluntad de Dios, de Quien soy Hijo.
Y cuán perfecta es mi voluntad para siempre,
Que de ninguna manera está separada de la Suya.»

(Los Regalos de Dios, p. 3) “

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

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