«Gustosamente “sacrifico” el miedo.» (Lección 323)

 

 

“El término «sacrifico» está entre comillas porque en verdad no renunciamos a nada. No estamos renunciando a algo que consideremos valioso – una conducta, un ritual o una adicción, por ejemplo, que pensamos que nos hace sentir mejor – porque Jesús nos está pidiendo que dejemos ir el miedo que es el núcleo de todos los sueños. Lo dejamos ir al simplemente hacernos a un lado con él y mirar el sistema de pensamiento de separación que dio lugar a este miedo y lo sustenta. Dándonos cuenta al final de que todo esto no tiene ningún sentido, gustosamente lo “sacrificamos” en favor de la verdad.

(1:1) «He aquí el único “sacrificio” que le pides a Tu Hijo bienamado: que abandone todo sufrimiento, toda sensación de pérdida y de tristeza, toda ansiedad y toda duda, y que deje que Tu Amor entre a raudales a su conciencia, sanándolo del dolor y otorgándole Tu Propia dicha eterna.»

Se nos pide que renunciemos únicamente a nuestra miseria e infelicidad. El problema es que no creemos que es todo lo que Jesús quiere de nosotros, porque no aceptamos que aferrarnos a nuestra identidad especial, nuestros juicios, y tener la razón es la fuente de nuestro dolor y sufrimiento. Seguimos manteniendo que tenemos la razón y que Jesús está equivocado – el mundo en efecto tiene algo que queremos, y lo encontraremos:

“La primera ilusión que debe ser desplazada antes de que otro sistema de pensamiento pueda arraigarse, es que abandonar las cosas de este mundo supone un sacrificio. ¿Qué podría ser esto sino una ilusión, dado que el mundo en sí no es más que una ilusión? Se tiene que haber aprendido mucho, tanto para darse cuenta de que el mundo no tiene nada que ofrecer como para aceptar este hecho. ¿Qué puede significar el sacrificio de lo que no es nada?” (M-13.1:6-2:2)

(1:2) «Tal es el “sacrificio” que me pides y que yo me impongo gustosamente: el único “costo” que supone reinstaurar en mí Tu recuerdo para la salvación del mundo.»

La salvación del mundo no es nada más que la extensión de la salvación en mi mente – de renunciar al miedo en favor del amor, a la ilusión en favor de la verdad.

(2) «Y al saldar la deuda que tenemos con la verdad -una deuda que consiste sencillamente en abandonar los auto-engaños y las imágenes que venerábamos falsamente-, la verdad regresa íntegra y llena de júbilo a nosotros. Ya no nos engañamos. El amor ha regresado a nuestra conciencia. Y ahora estamos en paz otra vez, pues el miedo ha desaparecido y lo único que queda es el amor.»

El cristianismo ha enseñado que nuestro pecado contra Dios exige el pago a Él, una deuda pagada a través del sacrificio, el sufrimiento y la muerte. Jesús nos recuerda una vez más que tal pensamiento está de cabeza y al revés. La única “deuda” que debemos pagar es a nosotros mismos, al dejar ir la ilusión, que, de nuevo, no es nada. Recordemos:

“La afirmación: “Mía es la venganza, dice el Señor” es una percepción falsa mediante la cual uno le atribuye a Dios su propio pasado “malvado”. Ese pasado “malvado” no tiene nada que ver con Dios. Él no lo creó, ni tampoco lo sustenta. Dios no cree en el castigo. Su Mente no crea de esa manera.” (T-3.I.3:1-5)

Así sacrificamos al dios de la venganza y el odio en favor del Dios del Amor. La totalidad ha regresado para reemplazar la separación, y la verdad se eleva en nuestra conciencia al darnos cuenta felizmente que por todo esto ¡no renunciamos a nada! (T-16.VI.11:4)”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

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