«He de ser por siempre un Efecto de Dios.» (Lección 326)

 

 

“Esta lección también es importante para establecer Quiénes somos como el Efecto del Amor de Dios. Reafirma el principio de Expiación de que nada ha cambiado – ninguno de nuestros sueños tristes o pecaminosos ha cambiado el hecho de que seguimos siendo uno con nuestra Fuente.

(1:1-5) «Padre, fui creado en Tu Mente, como un Pensamiento santo que nunca abandonó su hogar. He de ser por siempre Tu Efecto, y Tú por siempre y para siempre, mi Causa. Sigo siendo tal como Tú me creaste. Todavía me encuentro allí donde me pusiste. Y todos Tus atributos se encuentran en mí, pues Tu Voluntad fue tener un Hijo tan semejante a su Causa, que Causa y Efecto fuesen indistinguibles.»

Nunca hemos dejado la Mente de nuestro Padre, porque «las ideas no abandonan su fuente». Reconocemos que el sistema de pensamiento del ego fue un error y, por tanto, elegimos recordar el Pensamiento que nos creó y que comparte sus atributos de inmutabilidad, ausencia de forma, amor y vida eterna:

“Ahora el Hijo de Dios se ha vuelto por fin consciente de una Causa presente y de Sus benévolos efectos…Su Causa «es» Sus Efectos. Jamás hubo otra causa aparte de Ella que pudiese generar un pasado o un futuro diferentes. Sus Efectos son por siempre inmutables y se encuentran enteramente más allá del miedo y del mundo del pecado.” (T-28.I.14:1, 5-7)

(1:6-7) «Que tome conciencia de que soy un Efecto Tuyo y de que, por consiguiente, poseo el mismo poder de crear que Tú. Y así como es en el Cielo, sea en la tierra.»

En el Cielo, Dios extiende Su Amor – el significado de creación – estableciéndonos como Su Hijo. Él es así nuestra Causa y nosotros Su Efecto, creando como Él creó – el círculo de Creación:

“De este modo, el Hijo otorga Paternidad a su Creador y recibe el regalo que le ha dado. Y puesto que es el Hijo de Dios, tiene que ser a su vez un padre, que crea tal como su Padre lo creó a él. El círculo de creación no tiene fin… pero dentro de sí encierra a todo el universo de la creación, sin principio ni fin.”
(T-28.1I.1:4-6, 8).

En este mundo reflejamos la creación del Cielo extendiendo el Amor del Espíritu Santo a través de nuestras decisiones de perdonar.

(1:8) «Sigo Tu plan aquí, y sé que al final congregarás a todos Tus Efectos en el plácido Remanso de Tu Amor, donde la tierra desaparecerá y todos los pensamientos separados se unirán llenos de gloria como el Hijo de Dios.»

Una vez más, Dios no tiene literalmente un plan, que es realmente la Expiación del Espíritu Santo, que refleja Su Amor. Sigue siendo una ilusión, sin embargo, la Expiación no se opone a la verdad, como lo hacen otras ilusiones. Al final del viaje, Dios congrega a Sus Efectos en el último paso que sigue al Segundo Advenimiento y el Juicio Final. En otras palabras, los Hijos separados vuelven a unirse como uno solo, a medida que Dios los eleva hacia Sí Mismo, reuniendo al Hijo con la Fuente que Él nunca dejó.

(2) «Veamos hoy la tierra desaparecer, al principio transformada, y después, una vez que haya sido perdonada, veámosla desvanecerse completamente en la santa Voluntad de Dios.»

Este es el proceso: permanecemos en el mundo, pero lo vemos de otra manera – perdonándolo a él y a nosotros mismos – y entonces todo desaparece a medida que la Voluntad de Dios asciende en la mente sanada y santa del Hijo. Y él está en casa, donde Dios quiere que él esté (T-31.VIII.12: 8).”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

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