« Elijo ver la impecabilidad de mi hermano.» (Lección 335)

 

“Esto reafirma lo que Jesús nos hizo elegir al final de la lección anterior. Ahora elegimos la visión de la impecabilidad de nuestro hermano en vez del pecado, porque elegimos ver la inocencia en nosotros mismos.

(1:1-3) «Perdonar es una elección. Nunca veo a mi hermano tal como es, pues eso está mucho más allá de la percepción. Lo que veo en él es simplemente lo que deseo ver, pues eso es lo que quiero que sea verdad.»

Más allá de la percepción está mi realidad como el Cristo, pero dentro del sueño puedo percibir el pecado o la impecabilidad como la verdad, dependiendo del maestro que elija y las lecciones que desee aprender: las que refuerzan mi sueño de individualidad o las que me ayudan a despertar de él. Así, la manera en que te veo viene de la manera en que me veo a mí mismo – «la proyección da lugar a la percepción». Lo que he juzgado real e importante en mi mente es lo que voy a ver como real e importante fuera de mí en el cuerpo. Si juzgo que mi individualidad es valiosa, eso es lo que veré en ti; pero también veré allí el pecado, y no dentro. Como aprendimos en la lección 161, el ego nos hizo hacer el mundo de los específicos precisamente para que pudiéramos tener personas sobre las cuales pudiésemos proyectar la responsabilidad por nuestra existencia individual y separada.

(1:4) «A eso es a lo único que respondo, por mucho que parezca que es a los acontecimientos externos.»

Este es uno de los principios fundamentales de Un Curso de Milagros. Parecemos estar afectados por lo que está fuera de nosotros; pero en verdad estamos afectados sólo por la decisión de la mente en favor del especialismo del ego o el perdón del Espíritu Santo.

(1:5-7) «Elijo lo que deseo contemplar, y eso, y sólo eso, es lo que veo. La impecabilidad de mi hermano me muestra que quiero contemplar la mía propia. Y la veré, puesto que he decidido ver a mi hermano en la santa luz de su inocencia.»

En un nivel práctico, esto no significa que deberíamos sentirnos culpables porque veamos asesinato, dolor, muerte y enfermedad a nuestro alrededor. Recuerda que la percepción es una interpretación (por ejemplo, M-17.4: 1-2). No es lo que nuestros ojos “objetivamente” ven lo que está en cuestión, sino la interpretación de lo que ven nuestros ojos. Por lo tanto, no negamos lo que otros cuerpos hacen, sino que negamos la interpretación del ego, que sería que el pecado es endémico, ya sea en nosotros mismos o en otros. El cambio que queremos efectuar en nuestras mentes es ver en nosotros mismos y en los demás expresiones de amor o peticiones de amor, no de pecado y maldad.

(2) «¿De qué otro modo podría restituírseme Tu recuerdo, sino viendo la inocencia de mi hermano? Su santidad me recuerda que él fue creado uno conmigo y semejante a mí. En él encuentro mi Ser, y en Tu Hijo encuentro asimismo el recuerdo de Ti.»

Lo que restaura el recuerdo de Dios para nosotros, y nuestro recuerdo de Quiénes somos como el Cristo, es dejar ir la creencia en la realidad del pecado. Al eliminar los obstáculos de la separación que habíamos colocado entre nosotros y nuestros compañeros especiales, quitamos el velo del olvido, que nos ocultó la conciencia de Dios en nuestras mentes. El perdón es el medio del Espíritu Santo para levantar este velo, permitiendo que el recuerdo de Dios regrese, y estamos contentos y agradecidos de que así sea.”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick

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