Lecciones Finales (361 a 365) – Introducción »

 

 

“Llegamos ahora a las Lecciones Finales. Las Lecciones 361 a 365 se combinan en una, cuyo tema, apropiadamente, es el Espíritu Santo. Él también es el tema de esta hermosa Introducción. En la conclusión del libro de ejercicios, Jesús nos deja a cargo del Espíritu Santo para continuar nuestro viaje, como lo ha hecho en todo momento. Además, incrustado en este tema final está el recordatorio de que nuestro propósito en el mundo es el perdón, a través del cual el recuerdo de Dios vuelve a nuestras mentes.

(1:1-2) «En nuestras lecciones finales utilizaremos la mínima cantidad de palabras posible. Tan sólo las utilizaremos al principio de nuestras prácticas, y únicamente para que nos recuerden que lo que buscamos es ir más allá de ellas.»

Jesús nos está recordando continuamente nuestro propósito, que se refleja aquí en no hacer que las palabras se conviertan en la realidad. Por consiguiente, las palabras de Un Curso de Milagros no son sagradas, pero su fuente – el amor que las inspiró – ciertamente lo es. Ese amor está en todos nosotros, y por eso necesitamos que se nos recuerde una y otra vez, a medida que avanzamos en nuestro día, que nuestro propósito es aprender a perdonar – el medio para deshacer la culpa y regresar con nuestros hermanos a la casa que yace más allá de todas las palabras y símbolos.

(1:3-4) «Dirijámonos a Aquel que nos guía en nuestro camino y que imparte seguridad a nuestros pasos. En Sus manos dejamos estas lecciones, y de aquí en adelante le entregamos también nuestras vidas.»

El propósito de este año de práctica ha sido aprender a estar seguros en la conciencia de que el Espíritu Santo es el único Maestro verdadero. Por lo tanto, son Sus lecciones, guía y Amor lo que seguiremos. Cuando somos tentados a estar molestos, enfermos, enojados, o preocupados de alguna otra manera con nuestro especialismo, es porque primero lo alejamos y elegimos el ego en su lugar. Es por eso que nuestra vigilancia debe enfocarse en las mentiras del ego como el medio para recordar la verdad del Espíritu Santo. Son nuestras mentes las que necesitan vigilancia, para elegir en contra de creer en el ego y elegir a favor de Dios y de Su Reino – la tercera de las tres lecciones del Espíritu Santo. Así, nuestra creencia corregida deshace la duda del ego, permitiéndonos ir más allá de toda creencia hacia la Certeza de Dios:

“El tercer paso, por consiguiente, es un paso de protección para tu mente, pues te permite identificarte sólo con el centro, donde Dios erigió el altar a Sí Mismo. Los altares son creencias, pero Dios y Sus creaciones están más allá de toda creencia, ya que están más allá de cualquier duda. La Voz que habla en favor de Dios lo hace únicamente en nombre de las creencias que están más allá de toda duda, lo cual te prepara para llegar a estar libre de dudas. Mientras tu creencia en Dios y Su Reino se vea asaltada por cualquier duda, lo que Él ha logrado perfectamente no será evidente para ti. Por eso es por lo que debes mantenerte alerta a favor de Dios. El ego habla contra Su creación, y, por lo tanto, engendra dudas. No podrás ir más allá de las creencias hasta que no creas plenamente.” (T-6.V-C.7)

(1:5) «Pues no queremos volver a creer en el pecado, que fue lo que hizo que el mundo pareciese un lugar feo e inseguro, hostil y destructor, peligroso desde cualquier punto de vista, y traicionero más allá de cualquier esperanza de poder tener confianza o de escapar del dolor.»

Una vez cometimos el error de creer las mentiras del ego sobre el pecado, y Jesús nos anima a que nunca lo volvamos a cometer. De ese único error surgió el mundo de traición, peligro y dolor, y ¿quién en su mente recta elegiría alguna vez su causa, cuando el perdón nos invita gentilmente a un mundo de paz y seguridad?

(2:1-2) «El suyo es el único camino para hallar la paz que Dios nos ha dado. Su camino es el que todo el mundo tiene que recorrer al final, pues éste es el final que Dios Mismo dispuso.»

Un Curso de Milagros es solo un camino espiritual; pero sea cual sea el camino que elijamos – independientemente de sus símbolos – la única manera de llegar a casa es renunciar a la creencia en el yo que cree en la separación, la ira, el dolor y la muerte. Al unirnos con el Espíritu Santo en nuestras mentes correctas, deshacemos el sistema de creencias defectuoso que habíamos aceptado. Perdonarnos a nosotros mismos por nuestros errores – nacidos del miedo, no del pecado – abre el camino cierto a casa, independientemente de su forma, como leemos de nuevo:

“Perdónate a ti mismo tu locura, y olvídate de todas las jornadas fútiles y de todas las metas sin objetivo. No significan nada. No puedes dejar de ser lo que eres. Pues Dios es misericordioso, y no permitió que Su Hijo lo abandonara. Siéntete agradecido por lo que Él es, pues en ello reside tu escapatoria de la locura y de la muerte. No puedes estar en ningún lugar, excepto donde Él está. Y no hay camino que no conduzca a Él.” (T-31.IV.11)

(2:3-4) «En el sueño del tiempo este final parece ser algo muy remoto. Sin embargo, en verdad ya está aquí…»

Es un hecho que la paz de Dios ya está aquí – en la presencia de la verdad de mentalidad correcta de la Expiación. Además, en el instante santo estamos fuera del tiempo y del espacio, por lo que ya no hay un viaje a la paz que es nuestra. Encontramos una expresión similar en el manual para los maestros, donde Jesús habla del fin del mundo: “El mundo desaparecerá cuando ya no quede ni un solo pensamiento de pecado.” (M-14.2: 10). Él continúa:

“Ciertamente parece que esto se encuentra muy, pero que muy lejos en el futuro. “Cuando ya no quede ni un solo pensamiento de pecado” parece ser, en efecto, un objetivo a largo plazo. Pero el tiempo se detiene y sirve al objetivo de los maestros de Dios. En el instante en que cualquiera de ellos acepte la Expiación para sí mismo, no quedará ni un solo pensamiento de pecado.” (M-14.3:1-4)

Puesto que la Expiación está plenamente presente dentro de nosotros – su misma presencia refleja su aceptación – la separación ya ha sido deshecha. Recuerda estas líneas de la apertura del Capítulo 28:

“Hace mucho que este mundo desapareció. Los pensamientos que lo originaron ya no se encuentran en la mente que los concibió y los amó por un breve lapso de tiempo.” (T-28.I.1:6-7)

Por lo tanto, Jesús nos recuerda que su paz está aquí, simplemente esperando que la elijamos – «de nuevo».

(2:4-5) «Sin embargo, en verdad ya está aquí, como un amable guía que nos indica qué camino tomar. Marchemos juntos por el camino que la verdad nos señala.»

«Verdad» es usada como sinónimo de Espíritu Santo, en Cuyo Amor y Presencia no hay tiempo ni espacio. Unidos a Él en el instante santo, ya no nos preocupamos por lo lejos que tenemos que llegar, ni por la duración del viaje. Las preocupaciones acerca de que el ego sea tan fuerte que nunca podamos librarnos de él son pensamientos que ocurren sólo dentro del sueño del tiempo lineal: pecados pasados, culpa presente y miedo futuro al castigo. Cuando estamos fuera del sueño con Jesús, nos damos cuenta de que estos pensamientos, también, son sólo una defensa contra la verdad que nos ha guiado tan graciosamente hacia sí misma.

(2:6) «Y seamos los líderes de los muchos hermanos que andan en busca del camino, pero que no lo encuentran.»

Jesús no quiere decir que debemos ser líderes de alguna manera externa o conductual. Lideramos simplemente por haber elegido el Amor del Espíritu Santo. Cuando esa es nuestra elección, nos convertimos en la mano que se extiende, así como Jesús fue la mano que alcanzó la nuestra. Ahora podemos decir a nuestros hermanos que la misma elección que hemos hecho también ellos la pueden hacer; el viaje en el que nos hemos embarcado también les da la bienvenida. Recordemos que en el anexo de «Psicoterapia», Jesús comenta sobre la necesidad de que el terapeuta sea el líder de su paciente, incluso cuando está siendo dirigido por su Terapeuta:

“El psicoterapeuta es un líder en el sentido de que camina ligeramente delante del paciente, y le ayuda a evitar algunas de las trampas del camino al verlas primero. Idealmente, es también un seguidor, pues hay Uno que debe caminar delante de él y darle luz para que vea.” (P-2.III.1:1-2)

(3:1-4) «Consagremos nuestras mentes a este propósito, poniendo todos nuestros pensamientos al servicio de la salvación. La meta que se nos ha asignado es la de perdonar al mundo. Ésa es la función que Dios nos ha encomendado. Y lo que buscamos es el final del sueño, no como nosotros queremos que dicho final sea, sino como lo quiere Dios.»

Nuestro propósito es aprender las lecciones de perdón para que podamos ayudarnos a nosotros mismos y a los demás. El fin de Dios es que despertemos «del» sueño, mientras que el nuestro es convertirnos en figuras más felices y libres de dolor «en» el sueño. Por lo tanto, tomamos la decisión de aceptar la función de perdón de Dios en lugar de la nuestra; la del Espíritu Santo más que la del ego:

“No pidas ser perdonado, pues eso ya se te concedió. Pide, más bien, cómo aprender a perdonar y a restituir en tu mente inmisericorde lo que siempre ha sido… Ésa es tu única función en la tierra, y debes aprender que eso es lo único que te interesa aprender… Antes de tomar cualquier decisión por tu cuenta, recuerda que ya has decidido ir en contra de tu función en el Cielo, y luego reflexiona detenidamente acerca de si quieres tomar decisiones aquí. Tu única función aquí es decidir en contra de decidir qué es lo que quieres, reconociendo que no lo sabes. ¿Cómo ibas a poder, entonces, decidir qué es lo que debes hacer? Deja todas las decisiones en manos de Uno que habla por Dios y en favor de tu función tal como Él la conoce.” (T-14.IV.3:4-5, 7; 5:1-4)

(3:5) «Pues no podremos sino reconocer que todo aquello que perdonamos es parte de Dios Mismo.»

Cuando perdono, me doy cuenta de que tú y yo somos uno; en la ilusión y en la verdad – a pesar de lo que los sueños del ego nos han dicho. Así quitamos el velo del principio del ego de «uno o el otro», y vemos felizmente la impecabilidad del único Hijo de Dios en todo aquel con quien nos encontremos o incluso en quien pensemos:

“Un sueño te ha velado la faz de Cristo. Ahora puedes contemplar Su impecabilidad. Alto se ha elevado la escalera…Ahora puedes decir a todo aquel que venga a unirse en oración contigo:

No puedo ir sin ti, pues eres parte de mí. Y así lo es en verdad…Pues has comprendido que jamás se fue, y que tú, que parecías solo, eres uno con él.” (S-1.V.3:3-5, 8-10,12)

(3:6) «Y así, Su recuerdo se reinstaurará en nosotros completamente y en su totalidad.»

Perdonamos al ver el rostro de Cristo en nuestros hermanos, y luego recordamos a Dios. Recuerda estas palabras que resumen muy bien la fórmula por excelencia de Un Curso de Milagros para la curación:

“Cuando dos o más hermanos comparten un mismo propósito en el mundo del miedo, se encuentran ya en el umbral del mundo real… Pues cuando se dieron la mano, fue la mano de Cristo la que tomaron, y contemplarán a Aquel de cuya mano van asidos. La faz de Cristo se ve antes de que el Padre se pueda recordar, pues Éste permanece en el olvido hasta que Su Hijo haya llegado más allá del perdón hasta el Amor de Dios. El Amor de Cristo, no obstante, se acepta primero. Y entonces aflora el conocimiento de que Ambos son uno.” (T-30.V.7:1, 4-8)

(4:1) «Nuestra función es recordarlo a Él aquí en la tierra, tal como se nos ha dado ser Su Propia compleción en la realidad.»

Esto se refiere a nuestra función dual: en el Cielo es crear, lo que significa que somos la compleción de Dios; en la tierra es perdonar, que lleguemos a recordar nuestra verdadera función y Quiénes somos como Cristo. Así, Jesús nos ayuda a deshacer la función del ego de bloquear a Dios, al enseñarnos a desempeñar nuestra función de perdonar. La eliminación de este obstáculo restaura a nuestra conciencia la alegría de la creación – extendiendo el Amor de Dios desde Su Ser a los nuestros, sabiendo que Ellos son Uno. El siguiente pasaje del texto resume las dos funciones – el perdón elimina las barreras de separación entre los Hijos de Dios, restaurando a nuestra conciencia la compleción del único Hijo de Dios como espíritu y su plenitud extendida como Cristo:

“Extender el Ser de Dios es la única función del espíritu. Su llenura no puede ser contenida, de la misma manera en que la llenura de su Creador no se puede contener. La llenura es extensión. El sistema de pensamiento del ego obstaculiza la extensión, y así, obstaculiza tu única función…El Reino se extiende para siempre porque está en la Mente de Dios. No conoces tu propio gozo porque no conoces la plenitud de tu propio Ser. Excluye cualquier parte del Reino y no podrás gozar de plenitud. Una mente dividida no puede percibir su llenura, y necesita que el milagro de su plenitud alboree en ella y la cure. Esto vuelve a despertar la plenitud en dicha mente, y al aceptar dicha plenitud se reincorpora al Reino. Cuando aprecias por completo la llenura de Ser de tu mente, el egoísmo se vuelve imposible y la extensión inevitable. Por eso es por lo que el Reino goza de perfecta paz. El espíritu está cumpliendo su función, y sólo el pleno cumplimiento produce paz.” (T-7.IX.3:1-3; 4)

(4:2) «No nos olvidemos, por lo tanto, de que nuestro objetivo es uno que compartimos, pues en ese recordar es donde radica el recuerdo de Dios y lo que nos señala el camino que conduce hasta Él y hasta el Remanso de Su paz.»

En este mundo, los objetivos no se comparten, porque es un mundo gobernado por el principio de «uno o el otro». Por lo tanto, llegaré al Cielo – mi Cielo – de pie sobre tus hombros, empujándote hacia abajo: cuando tú desciendes, yo asciendo. La esencia del perdón es darnos cuenta de que – reflejando la Unicidad del Cielo – compartimos el mismo propósito, objetivo, y necesidad. Es por eso que recordar nuestra meta compartida contiene el recuerdo de Dios. Recuerda este pasaje importante sobre recordar a Dios al percibir la mente común que une a la Filiación, a pesar de la niebla de culpabilidad del ego que querría mantenernos divididos:

“La luz brilla en todos ellos con igual intensidad, independientemente de cuán densa sea la niebla que la oculta. Si no le otorgas a la niebla ningún poder para ocultar la luz, no tiene ninguno. Pues sólo tiene poder si el Hijo de Dios se lo confiere. Y debe ser él mismo quien le retire ese poder, recordando que todo poder es de Dios. Tú puedes recordar esto por toda la Filiación. No permitas que tu hermano se olvide, pues su olvido es también el tuyo. Pero cuando tú lo recuerdas, lo estás recordando por él también porque a Dios no se le recuerda solo. Esto es lo que has olvidado. Percibir la curación de tu hermano como tu propia curación es, por lo tanto, la manera de recordar a Dios. Pues te olvidaste de tus hermanos y de Dios, y la Respuesta de Dios a tu olvido no es sino la manera de recordar.” (T-12.11.2)

(4:3-5) «¿Cómo no vamos a perdonar a nuestro hermano, que es quien nos puede ofrecer esto? Él es el camino, la verdad y la vida que nos muestra el sendero. En él reside la salvación, que se nos ofrece a través del perdón que le concedemos.»

El evangelio de Juan tiene a Jesús diciendo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Sin embargo, aquí Jesús dice: Sí, yo soy el camino, la verdad y la vida, pero tú también eres parte del único Hijo de Dios. Aprender a perdonar a alguien que percibes fuera de ti – dándote cuenta de que él es el Hijo de Dios junto contigo – es la forma en que vuelves a la verdad y la vida.

“El Espíritu Santo enseña sólo una lección, y la aplica a todo el mundo y en toda circunstancia…Cuando dije: “Estoy siempre con vosotros”, lo dije en un sentido muy literal. Jamás me aparto de nadie en ninguna situación. Y puesto que estoy siempre contigo, tú eres el camino, la verdad y la vida. Tú no creaste ese poder, como tampoco lo creé yo. Fue creado para ser compartido, y, por lo tanto, no tiene ningún sentido percibirlo como si fuese el patrimonio de uno solo a expensas de los demás.” (T-7.III.1:1, 7-11)

(5:1) «No terminaremos este año sin el regalo que nuestro Padre le prometió a Su santo Hijo.»

El regalo de Dios para nosotros es el perdón, que, como vemos ahora, trae consigo la feliz comprensión de que estábamos equivocados – acerca de nosotros mismos, nuestros hermanos y nuestra Fuente.

(5:2-7) «Hemos sido perdonados. Y nos encontramos a salvo de toda la ira que le atribuíamos a Dios y que después descubrimos no era más que un sueño. Se nos ha restituido la cordura, en la que comprendemos que la ira es una locura, el ataque algo demente y la venganza una mera fantasía pueril. Nos hemos salvado de la ira porque nos dimos cuenta de que estábamos equivocados. Eso es todo. ¿Y se encolerizaría un padre con su hijo porque éste no hubiese comprendido la verdad?»

Jesús nos recuerda una vez más la importancia de la humildad, de poder decir con sinceridad y gratitud que hemos estado equivocados. Necesitamos ser lo suficientemente humildes para reconocer que la locura que acaba de describir está presente en prácticamente todos los pensamientos, comportamientos y objetivos que tenemos durante el día. Sin embargo, también debemos aceptar que Dios no está enojado porque creemos que Lo atacamos – nuestro Padre nunca vio el “ataque”. Jesús usa este símbolo de un padre porque es muy importante para nosotros. Por lo tanto, el símbolo del padre enojado que el ego ha creado se corrige al Padre que nunca deja de amar a Su Hijo. Recuerda la discusión en “Expiación sin sacrificio” (T-3.I.1-2), en la cual Jesús dice lo siguiente de Dios, en el contexto de la creencia cristiana tradicional de que sufrió y murió por nuestros pecados:

“Si se examina la crucifixión desde un punto de vista invertido, parece como si Dios hubiese permitido, e incluso fomentado, el que uno de Sus Hijos sufriese por ser bueno. Esta desafortunada interpretación, que surgió como resultado de la proyección, ha llevado a muchas personas a vivir sumamente atemorizadas de Dios. Tales conceptos anti-religiosos se infiltran en muchas religiones… Un ejemplo menos dramático es el del padre que dice: “Esto me duele a mí más que a ti”, y se siente exonerado al darle una paliza a su hijo. ¿Crees que nuestro Padre piensa realmente así?” (T-3.I.1:5-7; 2:7-8)

En verdad, por supuesto, no hay Padre e Hijo. No existe separación alguna, por lo que la creencia en el pecado, la culpa y el temor – el fundamento para creer en la ira de Dios – no existe. El Padre nunca ha dejado de amar a Su Hijo.

(6:1) «Venimos a Dios y con honestidad le decimos que no habíamos entendido, y le pedimos que nos ayude a aprender Sus lecciones a través de la Voz del Maestro que Él Mismo nos dio.»

La honestidad dice: “Estoy equivocado”. ¡Cuán frecuentemente Jesús vuelve a este tema fundamental! De nuevo, quieres practicar esta honestidad con los eventos muy específicos de tu vida. Trata de atraparte a ti mismo insistiendo categóricamente en que tienes razón, lo cual demuestra que estás equivocado – proclamar tu superioridad de estar en lo correcto hace implícitamente a otra persona inferior. Esto significa que estás viendo diferencias y separación, ganadores y perdedores – los sellos distintivos de la relación especial. De ahí la necesidad de honestidad al comprender que no entiendes nada del amor – entre hermanos, y entre Dios y Su Hijo – y que los ídolos de especialismo no te han traído más que miseria y dolor.

“¡Que la honestidad te acelere en tu camino, y que al contemplar en retrospectiva las experiencias que has tenido aquí no te dejes engañar! Por todas ellas hubo que pagar un precio exorbitante y sufrir penosas consecuencias.

No mires atrás excepto con honestidad. Y cuando un ídolo te tiente, piensa en lo siguiente:

Jamás te dio un ídolo cosa alguna, excepto el “regalo” de la culpabilidad. Cada uno de ellos se compró con la moneda del dolor, y nunca fuiste tú solo quien pagó por él.

Sé, pues, misericordioso con tu hermano. Y no aceptes nunca un ídolo irreflexivamente, ni te olvides de que tu hermano pagará el costo al igual que tú.” (T-30.V.9:11-10:6)

(6:2-3) «¿E iba Dios acaso a hacerle daño a Su Hijo? ¿O bien se apresuraría a contestar de inmediato, diciendo: “Éste es Mi Hijo, y todo lo que tengo le pertenece”?»

Este es un pasaje interesante, basado en la parábola evangélica del hijo pródigo (Lucas 15: 11-32), en la cual el hijo errante regresa con el padre que se apresura gustosamente a encontrarse con él. El hijo mayor, que permaneció fielmente en casa con su padre, se queja de que su hermano recibiera una bienvenida de reyes, incluído un festín en su honor. El padre esencialmente le responde: “Los amo a los dos, y todo lo que tengo es suyo”. En otras palabras, ninguno de los hermanos pierde nada por el amor del padre: el amoroso padre del hijo A no excluye a su hijo B. Las comparaciones son siempre del ego, porque el amor no hace ninguna (T-24.II.1: 1) y nuestro Padre nos ama por igual. Por lo tanto, en esta frase del libro de ejercicios, Jesús combina en una sola las respuestas que el padre da al hijo pródigo que regresa, así como al hijo que se ha quedado. Huelga decir que, con mentes divididas, somos ambos hijos.

(6:4-5) «Ten por seguro que así es como responderá, pues éstas son Sus Propias Palabras para ti. Y nadie podrá jamás tener más que esto, pues en esas Palabras yace todo lo que existe y todo lo que jamás existirá por los siglos de los siglos, así como en la eternidad.»

A lo largo de todo el tiempo, cuando elijamos a Jesús como nuestro maestro, él reflejará para nosotros el Amor de Dios y la abundancia de Su tesoro, el cual somos – no puede haber carencia en el Hijo de Dios. Durante toda la eternidad, seguimos siendo parte de nuestra Fuente – no hay nada más. La práctica de este mensaje glorioso en nuestras vidas cotidianas implica ver cómo manifestamos el principio de escasez que es opuesto a la abundancia: la creencia en la falta, en la que sentimos que hay algo que falta en nosotros. El ego toma esta creencia y enseña que nos falta lo que alguien ha tomado – la cuarta ley del caos (T-23.II.9-10). Aunque no siempre en conciencia, esta creencia de «uno-o-el-otro» de ganadores y perdedores está presente en nuestras mentes, y debemos darnos cuenta de que al pensar que Dios tiene favoritos, afirmamos que Él está loco. Sin embargo, esta locura está sólo en «nuestras» mentes, como está la respuesta cuerda de Dios. Su abundancia es la respuesta a la escasez del ego, porque ¿cómo podemos perder no sólo el amor que «tenemos», sino el amor que «somos»? Recuerda este pasaje de principios del texto:

“En tu propia mente, aunque negada por el ego, se encuentra la declaración que te hará libre: Dios te ha dado todo. Este simple hecho significa que el ego no existe, y esto le atemoriza mortalmente. En el lenguaje del ego, “tener” y “ser” significan dos cosas distintas, si bien para el Espíritu Santo son exactamente lo mismo. El Espíritu Santo sabe que lo “tienes” todo y que lo “eres” todo. Cualquier distinción al respecto es significativa solamente cuando la idea de “obtener”, que implica carencia, ha sido previamente aceptada. Por eso es por lo que no hacemos ninguna distinción entre tener el Reino de Dios y ser el Reino de Dios.” (T-4.III.9)

Ahora estamos listos para los últimos cinco días de lecciones.”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

«Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero
simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz.» (Lección 361-365)

 

 

“De nuevo, las Lecciones 361 a 365 son una sola, y se centran en el Espíritu Santo. Reflejan que hemos logrado la meta del libro de ejercicios, que era aprender que tenemos una mente dividida: estábamos equivocados al elegir el ego, y corregimos ese error eligiendo al Espíritu Santo. De hecho, así es como comienza la lección.

En la Introducción al sexto repaso, Jesús nos dijo que él nos está poniendo a cargo del Espíritu Santo. Ahora «nosotros» nos ponemos bajo el cuidado del Espíritu Santo. La clara implicación es que hemos aprendido la lección de Jesús y comprendido nuestro error, sabiendo que hay un principio de corrección en nuestras mentes al cual podemos ir, y que nos traerá la paz. Por lo tanto, deshacemos el error original cuando elegimos contra el Espíritu Santo y en el instante profano le pedimos al ego que estuviera a cargo. El mundo, entonces, no es más que una proyección de ese instante profano original. Ahora felizmente cambiamos de mentalidad, contentos de haber estado equivocados y agradecidos de estar viviendo en el instante santo de perdón del Espíritu Santo.

(1:1-4) «Y si necesito una palabra de aliento, Él me la dará. Si necesito un pensamiento, Él me lo dará también. Y si lo que necesito es quietud y una mente receptiva y serena, ésos serán los regalos que de Él recibiré. Él está a cargo a petición mía.»

“Él está a cargo a petición mía” – esto es lo más importante. No es que Jesús nos da el Espíritu Santo; nosotros lo elegimos activamente. Hacer esa elección es, por lo tanto, nuestro objetivo a lo largo del día.

(1:5) «Y me oirá y contestará porque Él habla en Nombre de Dios mi Padre y de Su santo Hijo.»

Veremos este mismo pensamiento expresado en el Epílogo. Mientras creamos que somos cuerpos viviendo en el mundo, experimentaremos la presencia abstracta del Amor del Espíritu Santo como encontrándose con nosotros donde creemos que estamos. Pensaremos que Él nos está ayudando en todas las formas específicas en que experimentamos nuestra necesidad, como leemos en la clarificación de términos:

“El Espíritu Santo mora en la parte de tu mente que es parte de la Mente de Cristo. Él representa a tu Ser y a tu Creador, Quienes son uno. Habla por Dios y también por ti, ya que está unido a Ambos. Por consiguiente, Él es la prueba de que Ambos son uno solo. El Espíritu Santo parece ser una Voz, pues de esa forma es como te comunica la Palabra de Dios. Parece ser un Guía por tierras lejanas, pues ésa es la clase de ayuda que necesitas. Y parece ser también cualquier cosa que satisfaga las necesidades que creas tener. Pero Él no se engaña cuando te percibes a ti mismo atrapado por necesidades que no tienes. De ellas es de las que quiere liberarte. De ellas es de las que quiere ponerte a salvo.” (C-6.4)

Sin embargo, mientras continuamos nuestro viaje a casa, después de completar el viaje a través del libro de ejercicios, nos damos cuenta de que la ayuda no es específica en absoluto, porque la única realidad es el Amor abstracto de Dios. Es a este Amor que hacemos nuestro camino seguro con nuestro Guía, Maestro y Consolador, Cuyo Amor nos lleva a la paz de Dios y a la vida eterna.”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

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