( Lección 87 – Repaso II: (73) “Mi voluntad es que haya luz”
(74) “No hay más voluntad que la de Dios” )

“(1:1) (73) «Mi voluntad es que haya luz.»

Esta es una apelación directa al poder de nuestras mentes para hacer otra elección: la luz del perdón en lugar de la oscuridad del ataque.

(1:2-3) «Hoy haré uso del poder de mi voluntad. No es mi voluntad andar a tientas en la obscuridad, temeroso de las sombras y amedrentado por cosas invisibles e irreales.»

Este era el deseo de mi ego en contraste con la Voluntad del Espíritu Santo, que ahora reflejo en el uso de mentalidad correcta de mi capacidad para tomar decisiones. A pesar de mi deseo de sombras, mi voluntad sigue siendo una con la de Dios, mantenida en salvaguarda por el Espíritu Santo. La había sustituido por lo que el ego diría es mi voluntad – realmente los deseos del ego – para ser un individuo, una decisión que inevitablemente condujo al tenebroso sistema de pensamiento del ego de separación y miedo, culminando en el sombrío mundo físico de la separación y el miedo. Esta lección, entonces, es una apelación directa para ver las cosas de otra manera, ejercer el poder de mi mente (“el poder de mi voluntad “) para hacer otra elección.

(1:4-6) «La luz será mi guía hoy. La seguiré a donde me lleve, y contemplaré únicamente lo que me muestre. Éste será el día en que experimentaré la paz de la verdadera percepción.»

Al aprender nuestras lecciones, felizmente elegimos dejar que la luz de la sabiduría de Jesús nos guíe cada día. Miramos el mundo a través de sus ojos libres de prejuicios de perdón y paz. Nuestros ojos “ven” lo que siempre han visto, pero ahora vemos de manera diferente: peticiones de amor o expresiones de ello, en oposición a los “ojos” del ego que solo ven pecado, culpa y necesidad de castigo. De su percepción vienen el conflicto y el miedo, pero de la verdadera percepción del perdón de Jesús viene la paz que, en las famosas palabras de San Pablo, sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4: 7).

Ahora a las aplicaciones específicas del día:

(2:2) «Esto no puede ocultar la luz que es mi voluntad ver.»

Mirando las situaciones que hasta ahora habían reflejado el mundo oscurecido de culpa y juicio del ego, reconozco que no tenían el poder de ocultarme la luz del perdón. Era mi mente la que tenía el poder, al elegir no ver la luz que siempre estaba allí. En otras palabras, nada aquí tiene poder sobre esa luz. Pero dentro de los sueños delirantes de sombras y muerte, podemos elegir no reconocerla, a pesar de que brille con tanto fulgor en nuestro interior, y sus reflejos a nuestro alrededor. Elegimos ahora reconocer a estos testigos de la luz y verlos como nuestros. Por lo tanto, le decimos a cada compañero de amor y odio especial:

(2:3) «[Nombre], estás en la luz junto conmigo.»

Aquellos a quienes habíamos condenado al infierno se unen como un solo Hijo, junto con nosotros, despertando juntos del sueño de muerte. Todo lo que se necesita para que este feliz reconocimiento ocurra es la disposición de mirar las mentiras del ego por lo que son, eligiendo en su lugar creer en la verdad que Jesús siempre nos ha ofrecido, esperando pacientemente nuestra aceptación.

(2:4) «En la luz esto se verá de otra manera.»

En la Lección 193, Jesús dice: “Perdona, y tú [yo] verás esto de otra manera” (WpI.193.3: 7). Cuando le permito ser mis ojos, la situación externa no cambia, pero la forma en que yo la percibo sí. En lugar de ver la situación como una forma de demostrar que tengo la razón y que Jesús está equivocado, que las diferencias son reales y que el pecado descansa en ti y no en mí, me doy cuenta de que juntos compartimos el propósito de despertar del sueño. Nuevamente, este cambio no tiene nada que ver con lo que es externo, sino únicamente con lo que se encuentra en nuestras mentes.

(3:1) (74) «No hay más voluntad que la de Dios.»

(3:2) «Estoy a salvo hoy porque no hay más voluntad que la de Dios.»

El ego dice que no estamos a salvo, porque «hay» una voluntad que no es la de Dios. Sin embargo, es la voluntad de mi ego, lo que significa que no es voluntad en absoluto, sino el deseo de separarse – lo opuesto a la Voluntad de Dios que creemos que hemos logrado. La vulnerabilidad que sentimos en nuestras mentes – el producto de la ley del ego de que la culpa exige castigo – ha sido proyectada en el mundo, el resultado es que ahora tememos a todos y a todo: si no tenemos cuidado, estaremos muertos; si no comemos los alimentos adecuados, nuestros cuerpos se deteriorarán; si no estamos con las personas adecuadas, nuestras personalidades se marchitarán. Por lo tanto, nunca estamos a salvo. Sin embargo, lo cierto es que estamos salvo, porque nada de esto ha ocurrido; un sueño no es la realidad. Parafraseando las palabras de Jesús en el texto, tomadas del mandamiento bíblico (Éxodo 20: 3): No debes anteponer otros dioses a Él porque no hay otros dioses. (T-4.III.6: 6). Es por eso que estamos a salvo.

(3:3-4) «Siento miedo sólo cuando creo que hay otra voluntad. Trato de atacar únicamente cuando tengo miedo, y sólo cuando trato de atacar puedo creer que mi eterna seguridad se ve amenazada.»

Una vez que nos identificamos con el sistema de pensamiento del ego de separación, también debemos identificarnos con sus pensamientos de pecado, culpa y ataque. Es esta elección de mentalidad errada en favor del ego lo que nos asusta.

(3:5-6) «Hoy reconoceré que nada de esto ha ocurrido. Estoy a salvo porque no hay más voluntad que la de Dios.»

Aunque Jesús no espera que aceptemos esto totalmente, podemos comenzar el proceso de comprender que hay una parte de nuestra mente que sabe que nada de esto ocurrió. Tememos a esa parte porque significa el fin de nuestro yo especial. En el plano práctico, esto significa que lo que no ocurrió es que me hiciste daño, porque la verdad es que «yo» me hice daño. En el mundo perceptual, es posible que hayas dicho o hecho algo desagradable, pero estoy molesto porque quiero que me hagas daño, acusándote de pecar en vez de a mí. Solo a medida que asciendo por la escalera me doy cuenta de que esto es un sueño que realmente no está ocurriendo en absoluto. Las tres aplicaciones específicas reflejan todas la Unicidad de Dios.

(4:2-4) «Permítaseme percibir esto en conformidad con la Voluntad de Dios.
La Voluntad de Dios, así como la mía, es que tú, [nombre], seas Su Hijo.
Esto es parte de lo que la Voluntad de Dios ha dispuesto para mí, independientemente de cómo yo lo vea.»

Todo en nuestros mundos personales y colectivos es un reflejo de la Voluntad de Dios – el perdón – si elegimos verlo a través de los ojos de Jesús, la visión de Cristo que unifica la percepción. Este «todo» incluye la totalidad de la Filiación, independientemente de cómo el ego perciba una situación. Puesto que no existe una jerarquía de ilusiones, todas las situaciones son lo mismo, ya que comparten el propósito de mentalidad errada de la separación así como el de mentalidad recta del perdón. Esta unanimidad de propósito nos une a todos: no separados e indivisos – uno en la ilusión y uno en la verdad.”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

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