«Se me dado la Palabra de Dios para que la comparta.» (Lección 276)

 

 

“Como hemos visto, «Palabra» en Un Curso de Milagros es casi siempre una referencia al principio de Expiación o su expresión.

(1:1-4) «¿Qué dice la Palabra de Dios? “Mi Hijo es tan puro y santo como Yo Mismo.” Así fue como Dios se convirtió en el Padre del Hijo que Él ama, pues así fue como lo creó. Ésta es la Palabra que el Hijo no creó con el Padre, pues nació como resultado de ella.»

Recordemos el final de “Los votos secretos”, donde Jesús dice virtualmente lo mismo, en referencia a la Palabra de Dios y la promesa que Él hizo:

“Esto fue lo que Su Padre le dijo al crearlo: “Te amaré eternamente, como tú a Mí. Sé tan perfecto como Yo, pues nunca podrás estar separado de Mí”. Su Hijo no recuerda que le contestó: “Sí, Padre”, si bien nació como resultado de esa promesa.” (T-28.VI.6:4-6)

(1:5) «Aceptemos Su Paternidad, y todo se nos dará.»

Esto corrige el momento original cuando negamos la Paternidad de Dios y dijimos que el ego era de nuestro padre, el comienzo del problema de autoridad. Cuando finalmente nos damos cuenta de que cometimos un error y vemos sus terribles consecuencias de infelicidad y dolor, volvemos a la fuente del error – la negación del principio de Expiación que dice: “Dios es tu Padre y nunca le abandonaste” – y aceptamos la Corrección.

(1:6-7) «Mas si negamos que fuimos creados en Su Amor, estaremos negando nuestro Ser, y así, no tendremos certeza acerca de Quiénes somos, Quién es nuestro Padre y cuál es nuestro propósito aquí. No obstante, sólo con que reconozcamos a Aquel que nos dio Su Palabra en nuestra creación, Su recuerdo aflorará de nuevo en nuestras mentes y así podremos recordar a nuestro Ser.»

Dado que el problema es nuestra negación del amor, la solución es simplemente aceptarlo. Toda duda e incertidumbre provienen de esta negación, porque ¿cómo podemos estar seguros de nuestro Ser si no estamos seguros de nuestra Fuente? Aprendemos a reconocer a Dios como Padre al reconocer a nuestros hermanos como parte de nosotros. Al aquietar los chillidos estridentes de odio y juicio del ego, recordamos serenamente Quiénes somos:

“Su quietud se convierte en tu certeza. ¿Y dónde está la duda una vez que la certeza ha llegado?”
(T-24 .V.9: 6-7)

(2) «Padre, he hecho mía Tu Palabra. Y es ésta la que les quiero compartir a todos mis hermanos, quienes me fueron confiados para que los amara como si fuesen míos, tal como yo soy amado, bendecido y salvado por Ti.»

La Palabra de Dios es el principio de Expiación que dice que Él me creó, y que sigo sin estar separado de Él en esa creación. Así, nuestro mensaje a todos refleja la Expiación: Tú y yo no estamos separados. Cualquier cosa que te he acusado de hacer, cualquier cosa que pienses que has hecho, cualquier dolor en el que estés – no ha cambiado el hecho de que sigues siendo el santo Hijo de Dios, perfectamente uno con tu Fuente. Esta certeza es comunicada por el amor y la paz que compartimos con los demás. No es algo que comuniquemos verbalmente, sino a través de la demostración. Así, Jesús nos enseña que cuando estamos en presencia de aquellos que todavía sueñan que están separados de Dios, nuestro amor, que nace de nuestra aceptación de la Palabra de que somos parte de Dios y que nunca lo hemos abandonado, enseña al mundo la verdad expiatoria que lo cura de todo dolor y sufrimiento.”

~ Del libro “Viaje a Través del Libro de Ejercicios de UCDM” por el Dr. Kenneth Wapnick.

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